Algunas líneas para lxs que no conocieron al “Rulo”: Nuestro héroe plebeyo y popular

Por Juan Branz

Algunas líneas para lxs que no conocieron al Rulo Nuestro héroe plebeyo y popular

Foto: Nicolás Aboaf.

Tomé coraje y fuerza para escribir algo, pequeño, mientras estamos mareados y desconcertados. Laburo en un club de barrio, en Brandsen, como entrenador, en el barrio “Las Mandarinas”. Uno de los barrios más despreciados por los que ganaron, por los dueños de la ciudad, por los tiranos. En ese barrio se huele rebeldía y dignidad.

Allí estamos con mis compañeros. Hoy decimos que estamos donde tenemos que estar: y nos damos la razón. En realidad es una excusa para compartir herramientas, prácticas, y ver si podemos organizarnos en el barrio y dar pelea a este mundo tan injusto y miserable. Dirigimos a 40 pibes de entre 17 y 30 años. El 85% está precarizado en su laburo (y bastardeado, claro).

Después de 10 horas van a entrenar, hechos bosta, con muchos dolores y múltiples vulnerabilidades. Desde que llegamos empezamos a trabajar todo eso. Como podemos, claro, porque le pifiamos más que lo que acertamos. Pero con el corazón ahí, a disposición de todos. Son muy chicos y empezaron a sonreír. Nosotros también. Por ellos, con ellos y porque nos empezamos a querer.

A veces los reto porque fuman o porque no sale algún ejercicio. Y ellos ya me conocen, y son tan generosos que no me dicen nada (cuando me podrían mandar a la mierda). Son nobles y se entregaron, porque todos confiamos en todos. Porque hay una semilla que brota y brota todas las semanas. Creo que es la de la dignidad (la que le roban todos los días). Sé que no es la del coraje: eso a los pibes les sobra.

Cuando llegamos al club, conocimos al “Rulo”. Uno de esos bastardeados por los ricos, sufrido, pero que emocionaba verlo llegar primero a los entrenamientos, en su bici, directo de la obra (con olor a cigarrillo. Era tan noble que nos daba la mano al saludarnos para que no pudiéramos oler la fragancia maldita del tabaco), con las manos bien ásperas de hacerle ganar plata a su patrón, el que le quita su tiempo para estar con su bebé de 7 años.

El “Rulo” se las arregló como pudo durante toda su vida. Yo no podría explicar lo que significaba el barrio y el club para él. Entregaba su tiempo (el poquito que le sobraba. A los laburantes le roban el tiempo y sus esperanzas) por el club, y nadie lo reconocía. Nadie.

Nosotros entendimos que debía ser titular y llegó su sueño (se lo ganó, por prepotencia de trabajo y por el sacrificio que transmitía. Es cierto: no era el mejor. Pero era un ejemplo. Y eso se tiene que premiar, si no es una injusticia): atajar en primera, ser capitán y sacarse una foto en la cancha con su nene. Él decía que con eso ya estaba, ya era su sueño.

Tanto es así, que el domingo jugamos partido de competencia, y cuando salió a cortar un centro, llegó a su último suspiro. Se nos fue. Partió en el medio del área. No había asistencia médica. Mis compañeros intentaron devolverle algún signo vital, pero no se pudo.

El Rulo no quiso. Juro –estoy seguro y convencido- que eligió morirse así, como lo soñaba. No le dio el gusto a sus explotadores de morir en un andamio. Ya sabemos: la clase obrera se muere antes que los ricos. Y ese trabajo en esas condiciones, no dignifica. El lunes lo velamos en la cancha, entre el amor y la marea popular del barrio. Hace cuatro días que lo lloramos, nada más.

Como si fuera un cuento: el “Rulo” tenía un tatuaje del “Che”, y fue tan maravillosa su escaramuza, que se murió el mismo día que él, a 50 años de su aniversario. El “Rulo” se convirtió en el mito del barrio y se fue con una sonrisa. Nunca fue el “número 1”, siempre el número 12, desafiando la noción de éxito que impera entre nuestras sociedades.

Qué paradoja: ser el ejemplo y no ser el “número 1”. La historia del “Rulo” es el cuento más lindo que viví. Desde el domingo soy hincha de “Las Mandarinas”. Hasta la victoria siempre, Rulo. Corazón plebeyo, popular y digno.



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