El Padre LUCIO FLORIO analiza la relación entre espiritualidad y ecología

 

En las últimas décadas hemos tomado conciencia de la dramática situación del planeta: cambio climático, océanos contaminados por hidrocarburos y plásticos, extinción masiva de especies animales y vegetales, etc.

El planeta aparece como pequeño, frágil y en riesgo de modificaciones irreversibles en sus sistemas básicos de funcionamiento de la biosfera. La responsabilidad de esta degradación ambiental es del ser humano. Se habla, por ello, del “Antropoceno” para indicar este período de profunda modificación planetaria por obra del hombre.

El pensamiento cristiano está incorporando este desafío. Aunque la Tierra no sea sino una parte más de la creación, es la única en la que conocemos la existencia de vida. Además, nosotros somos parte de ella, de su historia y de su entramado. El planeta es nuestra “casa común”, el espacio en donde desarrollamos nuestra historia. El ser humano, según el pensamiento bíblico, tiene una responsabilidad sobre la creación: debe cuidarla, perfeccionarla, prepararla para su transformación final.

El compromiso con el desarrollo sostenible de todo el planeta y con el cuidado de las formas vivientes en su asombrosa pluralidad constituye parte de esta tarea. Eso no excluye el cuidado del otro humano. En realidad, se está viendo que el deterioro ambiental provoca efectos sobre poblaciones concretas: hay migraciones ambientales, pero también multitudes de personas que habitan territorios degradados, con consecuencias graves para su salud.

El desafío de una espiritualidad ecológica se hace imperioso. Una espiritualidad que descubra la belleza de Dios en el mundo, pero que también se traduzca en acciones concretas sobre los múltiples factores que deterioran el planeta. Una visión atenta a las opciones que tomamos en relación con la naturaleza circundante. Eso implica la capacidad para discernir las conductas personales y colectivas orientadas hacia un desarrollo humano cuidadoso del mundo natural, del que somos parte.

 



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