La cuestión del ABORTO desde una óptica pluralista

El Arzobispo de La Plata, Monseñor HÉCTOR AGUER, hizo de público conocimiento el material que había confeccionado para su intervención en la mesa-debate, de carácter pluralista, convocada por el Colegio de Médicos de La Plata, el pasado 22 de marzo y que resultó suspendida ante el cuestionamiento de la seccional de la CICOP, gremio de profesionales de la salud del Hospital San Martín, que consideró que la intervención del purpurado y su presencia era un signo de “provocación”.

El religioso, quien se encuentra al frente del episcopado platense, abordó la cuestión de la interrupción del embarazo desde una mirada de carácter “científica”, “filosófica”, “jurídica”, “sociológica”, “política” y “teológica”. Dentro de lo estrictamente científico, Aguer se refirió al “fruto de la concepción y la embriología”; en el precepto filosófico, el Arzobispo precisó que en dicha concepción actúa un principio que “guía el crecimiento y la organización definitiva del embrión”, referido a la filosofía de Occidente, “que ha llamado alma a ese principio de vida del embrión”.

Para la cuestión jurídica, es menester aclarar que busca otorgarse una mirada sobre el derecho a la vida del embrión humano, desde el instante mismo de la concepción que está tutelado por tratados internacionales a los cuales ha adherido la República Argentina y que tienen rango constitucional, como por ejemplo, el Pacto de San José de Costa Rica.

Desde la perspectiva sociológica, “la reivindicación de la libre interrupción del embarazo, o de su despenalización, que implica lo primero, es una bandera de la burguesía, ámbito en el cual pueden coincidir posiciones liberales o neoliberales y de extrema izquierda”. Por su parte, la dimensión psicológica del asunto es aludir a quienes consideran la maternidad como una imposición arbitraria a la mujer si no se le concede el derecho de abortar. “Es innegable que los cambios culturales han favorecido una amplia participación femenina en la vida social”, recordó Aguer.

A su vez, la cuestión política, está referida al principio del “bien común”, que es la finalidad de la vida política, y asimismo al cuidado de la población, que es tarea indelegable del Estado. El apartado teológico del problema, tiene por deber recordar lo que fue el llamado “crimen abominable” (Constitución Pastoral Gaudium et spes, 51), por el Concilio Vaticano II. Se trata de una posición constante e invariable de la Iglesia, basada en el quinto mandamiento del Decálogo de la Torá bíblica, la enseñanza del Nuevo Testamento y la unánime Tradición eclesial, que es no matarás.



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