¿Puede ser María Eugenia Vidal la candidata a presidenta de Cambiemos?

La gobernadora María Eugenia Vidal, una de las principales espadas de Cambiemos, atraviesa quizás el momento más difícil de su gestión al frente de la provincia de Buenos Aires y la mayor encrucijada política de su carrera, en medio de una crisis financiera impensada a principios de año, desatada por factores externos y la impericia del gobierno de Mauricio Macri para manejar los hilos de la economía.

Vidal sabe que su suerte está atada a los vaivenes de una realidad que sufre los embates de la desconfianza internacional, la mala praxis gubernamental y las restricciones impuestas por el acuerdo con el FMI, al que se llegó como manotazo de ahogado frente a la corrida contra el peso.

En la intimidad, la Gobernadora asume la complejidad de un escenario altamente inestable, en especial porque ya registran los primeros signos de recesión y además todavía no se sabe cuánto de esa devaluación será traslada a los precios. Todos los pronósticos indican que la inflación de junio superará el 3 % y se proyecta un alza anual de alrededor del 30 %.

En este laberinto, donde se impone redefinir un acuerdo con los gobernadores para reducir el déficit fiscal y ajustar el presupuesto nacional de 2019 -tal como dispone una de las condiciones del Fondo para otorgar al país un préstamo stand by de 50.000 millones de dólares- María Eugenia Vidal admite las dificultades del presupuesto bonaerense para aceptar más recortes y, más aún, sostiene que cada vez cuenta con menos recursos para hacer frente a múltiples demandas, como las salariales de parte de docentes y otros sectores de estatales o las de más planes sociales de parte de sectores sociales y organizaciones piqueteras.

Como si todo esto no fuera suficiente, la mandataria bonaerense tampoco la tiene sencilla en el plano político. Si hace seis meses estaba claro que tanto Macri, como ella y el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, irían a la reelección en cada uno de sus cargos como si se tratara de un desfile; hoy esas certezas se borraron como dunas en el desierto y todo vuelve a redefinirse, pero esta vez con un peronismo que entiende que hay un 2019.

No hay encuesta que no evidencie el malestar de la sociedad con la marcha de la economía, ni que ignore la caída en la imagen presidencial. En este marco, lo que parecía imposible comenzó a verificarse: la consideración de la gobernadora también sufre las consecuencias de la crisis, y si bien es la dirigente de Cambiemos con mayor nivel de aprobación a nivel país, no puede escindir su figura de la del gobierno de Mauricio Macri.

Con el peronismo en condiciones de constituirse en un rival competitivo para las generales del año entrante, a Cambiemos se le abre un panorama electoral inestable donde no sería descabellado suponer que el presidente desista de ir a una reelección si no tiene garantizado un triunfo en primera vuelta. Es que en un hipotético balotaje podría sufrir el efecto inverso del fenómeno que ocurrió el 2015 en su contienda con Daniel Scioli, donde recibió el apoyo de electores que no lo habían votado en primera vuelta.

“Si Mauricio no está seguro de que gana sin necesidad de balotaje no se va a presentar y jugará la dama”, dicen en las filas del oficialismo en relación a una posible candidatura de María Eugenia Vidal en un esquema en el que Cambiemos juegue todo su capital político para preservar el proyecto iniciado hace poco más de dos años.

La Gobernadora ha dicho una y otra vez que el candidato es Macri y que su suerte está atada a la de él, como demostración de lealtad hacia su mentor y para descartar de plano rumores echados a correr por mentes insidiosas que hablan de un eventual acuerdo de Vidal con intendentes peronistas del Conurbano, entente que además contaría con la bendición del Papa, para cortarse tanto de Cambiemos como del PJ y constituir un frente de políticos jóvenes y ganadores que vayan por la presidencia y la gobernación.

La reciente visita que le realizara Vidal a Francisco, con quien mantuvo un encuentro privado en la residencia vaticana de Santa Marta junto a la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, y su jefe de gabinete, Federico Salvai, abona esas especulaciones “trasnochadas”.

Lo que se habló en esa reunión de poco más de una hora, quedó guardado bajo siete llaves y no hay quien pueda decir con certeza por dónde discurrió la charla, de la que tampoco hubo foto. Algunos dicen que le habrían informado al Pontífice sobre el acuerdo con el FMI que se anunciaría horas más tarde; otros sostienen que fueron a explicar la posición del presidente frente a la despenalización del aborto, para despejar el inocultable desagrado que produjo en la Iglesia la media sanción de Diputados y su inminente tratamiento en el Senado.

Pero otros arriesgan a sostener que el Papa los recibió para expresar su preocupación por la situación social, en el marco de la crisis económica y frente a un año electoral donde la política adquiere a veces ribetes de enfrentamiento que pueden en jaque la estabilidad del país.

Los que abonan esta teoría, en tren de imaginar, sostienen que en esa reunión se evaluó la posibilidad de que Macri de un paso al costado en el intento reeleccionista y habilite una eventual la candidatura de Vidal.

Los que conocen de la política vaticana dirán que nunca un Papa se metió en cuestiones políticas internas de los países, pero los que conocen a Jorge Bergoglio retrucan que Francisco hace política en la Argentina desde que sumió en reemplazo de Benedicto XVI, y no le va a sacar el cuerpo ahora cuando entiende que la crisis puede profundizarse.

Al Papa y a la gobernadora los une una vieja amistad cultivada en la Ciudad de Buenos Aires cuando uno era arzobispo y la otra vicejefa de gobierno, pero además también los une cierto disgusto con la forma en cómo ha llevado adelante su gobierno el presidente Macri, especialmente en áreas sensibles donde prefirió poner a “técnicos”, afectos a gestionar con planillas de Excel, en lugar de “políticos” que supieran interpretar hasta donde estirar de la cuerda. El área de energía es la que surge espontáneamente cuando se habla de estas dificultades.

María Eugenia tiene muchos frentes abiertos en el plano de la gestión y de la política que se cruzan permanentemente y no le dan respiro. Deberá estar muy atenta al humor social y contener lo mejor posible la mella que inexorablemente la crisis producirá en la provincia. Y a la par ir poniendo rumbo a las elecciones del año que viene, con un horizonte todavía incierto y con el peronismo de nuevo en carrera.

Frente a semejantes desafíos, Vidal podría optar por “defender los trapos” con una reelección en la provincia o pegar el salto hacia el desafío mayor, con la incertidumbre de saber que su “sacrificio” puede ser infructuoso. Ha dicho que hasta marzo del año que viene no hablará de candidaturas, veremos si la vorágine en la que vive el país le permite demorar nueve meses una definición.



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