Aborto, la disputa entre la legalidad o la muerte

“Fuerce partos si quiere, Argentina, pero llame a lo forzado por lo que es: esclavitud”, dijo Margaret Atwood, escritora canadiense y autora del gran éxito “El cuento de la criada”. Y es que pocas veces se lee o se oye algo tan acertado.

El movimiento feminista tuvo sus inicios en momentos en los que las mujeres no tenían derecho a votar, a decidir, a trabajar…
En fin, las mujeres no teníamos ningún derecho, sólo servíamos para procrearnos y atender al “hombre de la casa” y a los niños y niñas en caso –casi obligado- de tener.
Desde el voto femenino, hasta el Ni Una Menos, todos han sido movimientos en pos de los derechos por las mujeres, desde nosotras mismas, para garantizar desde lo más básico hasta lo más complejo.
Y aunque hoy en día hemos podido conseguir algunas cosas, aún faltan muchas otras por las que vale la pena seguir en pie de lucha.
Hace unos años, comenzó a instaurarse de manera más ferviente el debate que tiene en vilo al país: ¿aborto sí, o aborto no?  O mejor dicho: ¿aborto legal, o clandestino?
Si bien distintos grupos feministas se han movilizado a lo largo de la historia, este 8/08/2018, el proyecto de ley que plantea legalizar el aborto en Argentina, será debatido y votado por primera vez en nuestra historia en el Senado, luego de haber sido aprobado en la Cámara de Diputados.
El 13 de junio de este mismo año, ante la mirada esperanzada de miles de mujeres que allí afuera esperaban ansiosas pero en la paz que emana de las luchas justas y necesarias, luego de años de pelear por este derecho inalienable, obtuvo media sanción a fuerza de coraje y convicción.
Esta vez se repetirá el escenario, pero se espera que hoy haya aún una mayor cantidad de personas pugnando por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.
Quienes defendemos la campaña, no sólo nos atamos un pañuelo verde y compartimos flyers, porque no es una simple “movida cool” como ya han dicho descaradamente algunos de los peores sectores que tiene la sociedad.
Desde el feminismo abrazamos a las que pasaron por la situación del aborto, y también a las que lo piensan como posible en un futuro.
Pedimos que haya respeto, empatía y que no se juzgue por tomar una decisión tan propia que sólo aprieta a quien la va a tomar.
Desde acá, entendemos que los cambios cuestan, toman tiempo, pero no hay razón que valga cuando miles de mujeres mueren desangradas por un aborto mal hecho a manos de un supuesto médico, o por unas pastillas ingeridas erróneamente o insuficientes, o por una percha o un perejil.
Y estas mismas mujeres no son más que las olvidadas, las marginadas, las que, aún con derechos, no los tienen. Las que no saben que existen.
El caso de Liliana Herrera, una joven de 22 años, madre de dos hijos (y pobre, por si algún senador o senadora aún tenía esa duda) es uno de los tantos casos en los que muere una mujer a causa de un aborto mal hecho.
O, como prefiero decir yo, a causa del olvido y el abandono. Por demostrar una vez más que hay cosas que son para ricos, y cosas que son para pobres, y en este caso, el aborto no es para gente pobre.
Mueren, también, por la vergüenza, por culpa de esos dedos que apuntan, y filosos como cuchillos, traspasan a la mujer y conjuntamente a su decisión, que como no va con la moral de algunos y algunas, simplemente no tiene validez.
Mueren por aquellas personas que comparten posteos de Favaloro, pero se olvidan de sus valores y sus dichos: “Legalizar significa que ante ciertas circunstancias, la pobre desgraciadita que no tiene ningún recurso no caiga en ese trasmundo horroroso que la puede llevar a la muerte, (…) y por el contrario, la niña privilegiada de la familia con guita va a una clínica de prestigio, le hacen la cosa sin que nadie se entere”.
Espero que se acuerden de todo esto las y los senadores a la hora de votar. Espero que lean la Ley, que se informen y que entiendan que pedimos Educación Sexual para decidir (conocer, informarnos), Anticonceptivos para no abortar (poder estar atentas y atentos a los distintos métodos conceptivos y su modo de empleo) y Aborto Legal para no morir.
Y recuerden: el mundo nos está mirando, y ojalá que sea ley.
M. Rocío Scheffer Wright


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