Mató a su pareja, la condenaron y quedó libre por ser víctima de violencia de género

La jueza entendió que la acusada respondió a una agresión en un contexto de violencia de género y aplicó una pena menor, pero consideró que la reacción al ataque fue excesiva. La mujer prendió fuego a su agresor, pero pidió ayuda para socorrerlo. Falleció a ocho días del episodio.

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Muni Largo

En una resolución en la que se contempló la nueva legislación y jurisprudencia relativa a la mujer sometida a violencia de género, una platense acusada de matar a su marido durante un ataque, recibió una condena por exceso en la legítima defensa y recuperó la libertad luego de más de cinco años de proceso en la que estuvo privada de su libertad. La aplicación del nuevo marco jurídico protectorio de las mujeres víctimas de violencia machista fue desarrollado por la jueza Liliana Torrisi del Tribunal Oral Criminal II de La Plata.

Los datos de los protagonistas de la historia se mantendrán en reserva para preservar a la mujer y a sus cuatro hijos que son menores de edad.

Según se dio por probado en el expediente el hecho se registró en junio de 2013. La mujer estaba siendo golpeada brutalmente por su pareja que hacía pocos meses había salido de la cárcel.

En medio del ataque, la mujer roció con alcohol a su agresor y lo prendió fuego con un encendedor. Al ver la escena la mujer salió en búsqueda de ayuda para socorrer el agresor agredido. Fue trasladado de inmediato a un hospital donde falleció ocho días después a causa de las quemaduras.

Tras analizar la causa, la jueza concluyó que la actitud de la mujer se dio en un contexto de “violencia de género”. Para arribar a esa conclusión valoró el relato de familiares y vecinos quienes confirmaron que la mujer era blanco frecuente de ataques. Dos años antes del desenlace fatal, la mujer terminó internada en el hospital de Gonnet a causa de las heridas padecidas durante una golpiza de su pareja. La jueza concluyó que la mujer “se encontraba sometida a los designios violentos de su pareja” y “este temor que le infería le impedían reaccionar o denunciarlo”.

En otro punto de la resolución aclaró porque se trató de un caso de exceso en la legítima defensa figura típica y antijurídica. “Así Doctrina y Jurisprudencia mayoritaria han entendido que la racionalidad del medio implica una actuación oportuna y adecuada para repeler y hacer cesar la agresión de la que se fue víctima y si bien la ley no exige una estricta paridad de medios –ya que deberá tenerse en cuenta las circunstancias fácticas en cada suceso- debe entenderse que cuando se habla de ‘necesidad racional del medio empleado’ se refiere a una relación entre agresión ilegítima y la conducta defensiva. Es en este punto en el que entiendo que el medio empleado por la imputada excedió, en relación a la agresión, la racionalidad que la norma requiere”, expresó la magistrada en el veredicto.

Luego aclaró que ese exceso en la legítima defensa propia y de terceros “debe ser valorado” en el contexto de violencia de género y la “posición de inferioridad fáctica que una mujer presenta frente a un hombre, máxime cuando su voluntad se encuentra doblegada por un cuadro de violencia doméstica permanente, lo que la torna infinitamente más vulnerable frente a una situación agresiva por parte de su pareja y mucho más aun cuando se encuentra al cuidado de tres pequeños hijos –entre ellos un bebé- presentes en el escenario de los hechos”.

En su línea argumental la jueza Torrisi aclaró que el tratamiento de la problemática de la mujer golpeada, “que han tomado afortunadamente especial relevancia en los últimos tiempos” debe ser una especial situación contemplada por el derecho “ya que no pueden garantizarse el efectivo cumplimiento de las normas que se han establecido a favor de la mujer víctima de violencia de género –en especial la Convención de Belém do Pará-, si no se encuentran acompañadas de un abordaje institucional que comprenda el maltrato a la mujer presenta características muy diferentes a las demás violencias interpersonales y se conozcan especialmente los efectos psíquicos, emocionales y conductuales que la violencia produce en la mujer maltratada”.

Tras un extenso y minucioso análisis del flagelo de la violencia machista concluyó que: “La mujer sometida al maltrato considera que su única alternativa es continuar viviendo con su pareja y pierde toda esperanza de poder romper con ese ciclo de violencia, por lo cual construye una defensa cíclica para continuar adelante, para ello niega y minimiza los maltratos, sintiendo en muchas oportunidades que resulta merecedora de la agresión a la que es sometida por su pareja y llega incluso a justificarlo”.

Otro tramo clave del veredicto es la versión que la mujer dio durante su declaración indagatoria, donde se notaba que era víctima. “Mi pareja me viene pegando desde hace cinco años, lo hace delante de los nenes y me amenaza”. “Cuando salió en libertad me cortó el cuello con un cuchillo casero, me decía que me iba a matar”. “Ya estoy cansada que me pegue todo el tiempo”. “Antes que caiga presa me estaba pegando, me pateaba muy fuerte, me tiró contra la ventana y me desmayé”. “Me pegaba en cualquier lado, una vez me estaba ahorcando y mi nene le dijo que me suelte”.

Para la magistrada la mujer actuó “en un marco de legítima defensa propia y de terceros, excediendo la racionalidad del medio empleado para hacerlo” y dictó una condena de cuatro años y seis meses de prisión, tal como habían solicitado el defensor oficial Ernesto Ferreira y la fiscal Graciela Rivero.

Fuente: 0221.com.ar

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