lunes 21 de septiembre de 2020 - Edición Nº3467

General | 23 jul 2020

El lugar es mágico y único en el mundo

Otra historia fascinante en Epecuén, la ciudad fantasma: pileta de hotel se hizo pista de sal


Con agua proveniente del Lago Epecuén, la piscina se mantuvo sin climatizar por la inactividad hotelera y el frío hizo que el sulfato de sodio se solidificara. Con la llegada de los primeros fríos del año, un manto de sal tiñó de blanco en junio el Lago Epecuén, a partir de un fenómeno químico bien conocido por los vecinos de Carhué pero no por todos los bonaereneses: el sulfato de sodio se solidifica al quedar expuesto a bajas temperaturas.

Ahora, en lugar de en la costa, el evento natural ocurrió en la pileta de un hotel de la localidad situada en Adolfo Asina, que tras ser vaciada el último lunes dejó a la vista un residuo de más de 10 centímetros de espesor. Según explicó Rubén, uno de los dueños del complejo, esto tuvo que ver con que “en este año tan particular, las piscinas de los complejos hoteleros, habitualmente cubiertas, climatizadas y con agua del Lago Epecuén, han permanecido sin climatizar, al igual que el ambiente”.

“Algunos establecimientos las vaciaron y limpiaron, y otros, como es el caso del Epecuén Hotel & Spa Termal, las mantuvieron llenas, pero desde marzo hasta hoy fueron bajando de nivel unos 40 centímetros por natural evaporación, lo que hizo que, al igual que en el Lago, con el frío, cristalizaran y reconcentraran el cloruro y sulfato de sodio, entre otros minerales”, amplió.

Aunque el espectáculo en la costa también pudo verse durante los primeros fríos de los años anteriores, los habitantes de la ciudad recuerdan el 2012 como la fecha de su gran reaparición: el manto no se veía desde la década de 1980 debido a los enormes volúmenes de agua dulce introducidos con obras hidráulicas en los ‘70, que hicieron imposible el proceso de enfriamiento y cristalización de la sal. Cabe recordar que el Lago Epecuén es una salina húmeda, el punto final de una cuenca de lagunas encadenadas y sin salida, que recibe aportes de minerales desde esas lagunas aguas arriba, de pequeños arroyos y, fundamentalmente, de los surgentes que los arrastran desde las profundidades de la tierra.

Esta condición milenaria fue almacenando en su lecho millones y millones de toneladas de minerales, en especial sales. Dependiendo de los ciclos hídricos, estos minerales o se diluían o se precipitaban conformando costras de cristales o ‘manto de sal’ como se lo conocía popularmente”, explican desde el Museo de Carhué. Y agregan: “Pese a los constantes aportes subterráneos de sales, en época estival, el sulfato de sodio está disuelto y en equilibrio en la laguna. Pero cuando llega el frío intenso y en especial las heladas pampeanas, la temperatura del agua de la costa baja rápidamente haciendo que se precipite el exceso de sal disuelta, pero en forma de cristales. El viento y el oleaje producido expulsa dichos cristales a la costa, brindando uno de los paisajes más extraños y bellos que tiene nuestra provincia”.

 

 

  La historia de Villa Epecuén  

Este pequeño pueblo podría haber sido uno de los principales centros de turismo de salud de la Argentina, pero una inundación detuvo los sueños y proyectos de quienes apostaban a eso. Esta ciudad, perteneciente al departamento de Adolfo Alsina, Buenos Aires, es testigo de lo que alguna vez fue Villa Epecuén: uno de los sitios elegidos por las familias patricias para vacacionar entre los años 20 y 70.

Inaugurado en 1821 por Arturo Vatteone, Lago Epecuén, se transformó en el balneario más exclusivo del país. Era el destino de moda de esa época y el lugar escogido por la aristocracia bonaerense como destino no solo para el ocio, sino también para curar enfermedades reumáticas y de la piel. Sus aguas altamente mineralizadas eran famosas por su similitud con las propiedades del Mar Muerto. Por esta razón, el agua termal ha tenido una función curativa y la OMS (Organización Mundial de la Salud) la incluyó dentro de la medicina tradicional.

"Agua milagrosa", eso era. Les dio un estatus, trabajo, entidad y un nombre. Pero no todo fue color de rosas y lo bueno tampoco dura para siempre, al menos, eso fue lo que sucedió con Epecuén. "Desde la etapa indígena ya era utilizada, esto hizo que alguien decidiera fundar un pueblo y que esos turistas que venían a buscar salud, tuvieran comodidades y servicios. A partir de allí todo fue creciendo y en los años 70 había 5 mil plazas hoteleras estables, 250 establecimientos de distinta categoría, 25 mil turistas durante la temporada de verano y una población estable de 1200 personas", explicó a Infobae Gastón Partarrieu, director del Museo Regional de Adolfo Alsina.

El exceso de construcciones y la falta de obras -que contrarrestaran los efectos de la mano del hombre- fueron su perdición. El muro de contención que había entre el lago y la villa no era lo suficientemente fuerte como para contener el agua del lago por mucho tiempo. Por eso, el 10 de noviembre de 1985 una sudestada comenzó a gestar la catástrofe. La fuerza del agua fue tan potente que el muro que protegía al pueblo cedió y el lago creció de a un centímetro por hora. Luego de dos semanas esa pared que parecía de acero, cedió. Sus habitantes debieron ser evacuados y abandonar con mucha tristeza sus hogares y comercios. "La inundación generó un shock que aún hoy estamos asimilando. La gente de un día para el otro perdió su actividad, su propiedad, su historia, sus raíces, su pasado", dijo Partarrieu.

El agua regresó a su estado original, pero dejó a su paso los escombros y los recuerdos de lo que alguna vez fue una pequeña ciudad, con futuro y proyectos. "Pese a que las ruinas son algo triste han generado un atractivo único, no existe un pueblo que haya sufrido un cataclismo así y en el que tiempo después se pueda transitar por sus calles". Actualmente la ciudad dispone de varios circuitos turísticos que reviven aquella época de esplendor: El Matadero, Ruinas de Villa Epecuén, Playas sustentables, Spa termales y el Museo Regional de Adolfo Alsina.

 

 

  El último habitante de Epecuén  

Con su vieja bicicleta desandaba los históricos caminos, ahora salitrosos entre casas derruidas, boliches bailables que se quedaron con historias de amores y desamores de generaciones, y hoteles que albergaron artistas como Luis Sandrini  o Mirtha Legrand, hasta otros desconocidos que iban a buscar las bondades de las aguas curativas.

Un ícono para el turismo de Epecuén – Carhué, Pablo Novak quien acaba de cumplir 90 años, supo colocar, casi sin proponérselo, a la Villa inundada en los años ’80 en boca de todo el mundo.

 

Reconocimiento en vida

El 25 de enero Pablo Novak cumplió 90 años y el intendente de Adolfo Alsina, Javier Andres, lo declaró Embajador Cultural y Turístico de Adolfo Alsina. En la entrada a las ruinas y acompañado de sus hijas, Novak recibió de manos del intendente el decreto que lo distingue por  “El reconocimiento mundial que con su figura ha colaborado en dar a Lago Epecuén Carhué”. La distinción de Novak resalta que “después de la trágica inundación de Epecuen don Pablo Novak ha concurrido sistemáticamente a visitar las ruinas y ha adquirido el reconocimiento mediático de “Último habitante de epecuén”.

 

Ícono de Epecuén

Novak ha logrado atraer a medios del país y del mundo. Se ha convertido en un icono de la otrora Villa Turística y despierta el interés de turistas y medios de comunicación. La imagen de Don Pablo sentado sobre el umbral de lo que fue una puerta, rodeado de grandes escombros y a la sombra de un marco sin paredes leyendo un diario recorrió el mundo. Los surcos en su piel marcan el paso del tiempo; su actitud como anfitrión invitaba a quedarse charlando a cada persona que recorría el lugar, siempre dispuesto a contar la historia de Epecuén y la propia, a guiar a quienes le consultaban.

 El solitario “Último habitante de Epecuén” finalmente no estuvo tan solo: su perro, fiel compañero, una vieja pava siempre lista para convidar unos mates y la compañía de los viajeros que, inevitablemente, paran para conocer al hombre que llevó el nombre de Epecuén y su historia al mundo. 

También, el intendente Andres le obsequió a don Pablo un mate pintado en el que se lo retrata con su bicicleta y su perro Chozno, “para que pueda compartir con quienes lo visitan”.

 

Fue nota de la BBC de Londres

Novak se mostró muy emocionado por el reconocimiento y sorprendido al saber que iba a ser entrevistado por la BBC de Londres, lo que sucedió un par de días más tarde. Pablo Novak fue reporteado en las ruinas de la ex Villa Turística Epecuén. Un periodista de BBC Travel Show, un programa que emite la prestigiosa corporación británica de radiodifusión, se concretó llevando la historia a través de la televisión, a una audiencia de aproximadamente 80 millones de personas. The Travel Show, un programa dedicado a explorar recónditos destinos alrededor del mundo, encontró a “El único habitante de Epecuén”, don Pablo Novak y las ruinas del balneario una historia digna de contarse. Fuentes: Infocielo, Visión Política, InfoBae, La Sexta Sección, La Movida Platense.

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