miércoles 08 de julio de 2020 - Edición Nº3392

General | 21 ene 2020

El subsuelo de la Patria veraneando

Punta Lara es cada domingo la Plaza de Mayo del 45, llena de descamisados pidiendo dignidad


Punta Lara, la más extensa playa del río de la Plata, volvió a ser escenario de una extraordinaria movilización popular este fin de semana de extremo calor, mucha humedad y poca plata en los bolsillos.

Según datos de la Municipalidad de Ensenada, este domingo llegaron a sus arenas marrones más de 125 mil personas, la enorme mayoría de ellas provenientes de los sectores más postergados económicamente del conurbano profundo y doliente.

Cientos de micros y autos, casi todos viejos y maltrechos estéticamente, pero en condiciones dignas para circular, pintaban un paisaje crudamente descriptivo de la realidad argentina vernácula.

La gente está muy mal pero quiere festejar, quiere pasear, quiere que sus vacaciones se parezcan a las que le muestran salvajemente por TV desde las playas top.

La población más pobre necesita un respiro, y Punta Lara es, desde hace años, ese oasis dominguero en el que se zambullen ilusionados escapando de una realidad injusta, cruel e inexpugnable.

Bajan de los micros con los chicos agarrados fuertemente de la mano o en brazos si son bebés. Llevan enormes bolsos cargados de pan, fiambre, frutas, repasadores de mano, mayonesa, la ropa de playa de los pibes y una ilusión humilde y potente que emociona hasta las lágrimas.

Son los eternos herederos de aquellos a los que Eva Duarte llamó “mis descamisados”. Son el “subsuelo de esa patria que en octubre del año pasado se sublevó contra el gobierno más cruel desde los milicos hacia acá”.

Hablando de octubre, justamente, cada domingo de estos se parece mucho a aquella mítica y revolucionaria manifestación del 17-10-1945, cuando los más pobres hicieron oír su voz, se hicieron visibles aunque los quisieron esconder.

Ese mágico día, salieron desde Berisso y Ensenada, pasaron a reclutar obreros por Varela, Quilmes, Avellaneda y La Boca; llegaron en patas a la histórica Plaza de Mayo y lograron lo imposible: liberar al general Perón y cambiar para siempre su historia.

Lo mismo pasa con Punta Lara y sus pobres disfrutando. Los esconden, los maltratan, los humillan, los castigan, pero ellos siguen peleando por su dignidad. Y esas playas de aguas oscuras, juncos y cascotes como barrera, son su Plaza de Mayo, su canal de expresión, su desahogo, su grito de guerra.

Quien quiera ver que vea; quien quiera oír que oiga; quien quiera entender que entienda. Punta Lara es la piedra angular de un sistema que pide a gritos un poco más de igualdad, de justicia social y de dignidad.

Por eso, la decisión de Mario Secco, el ya mítico jefe comunal ensenadense, de abrir las playas a los pobres, eliminar toda barrera sectaria entre la calle y el agua, sacar a gremios y privados de ese espacio público maravilloso y deseado, fue sin dudas su mejor y más admirable obra de gobierno en sus 16 exitosos años de gestión. Por encima de cualquiera de sus muchas obras, de sus aciertos económicos y de su política de Seguridad, que es casi perfecta.

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