El amor no tiene edad: son abuelos, se enamoraron y se casaron en La Plata

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Juan Lucio Ruiz de Galarreta, un jubilado platense de 80 años, y su flamante esposa, Noemí Ester Flor, oriunda de Mar del Plata, de 74, dos jubilados que se conocieron por casualidad en un viaje volvieron a apostarle al amor. A menos de un año de noviazgo, contrajeron matrimonio en la capital bonaerense.
Noemí había ido a Bariloche con un grupo de matrimonios amigos, mientras que Juan Lucio estaba solo. “Subí a una combi y él estaba en el asiento de al lado. Empezamos a mirar el paisaje, a charlar, caminamos por la isla Victoria y a la noche él nos invitó a todos a cenar, pero nosotros no podíamos porque teníamos una fiesta en el hotel”, recuerda ella.
Seguidor como perro de zulky, Juan Lucio, fue a la fiesta. “Bailamos, le pasé mi teléfono, empezó a llamarme y así arrancó todo. Al poco tiempo ya lo tenía de visita en Mar del Plata, donde empezamos a salir y nos gustamos mucho”, agregó Noemí.
Ambos viudos, con hijos y nietos, no tuvieron que esperar darse cuenta de que querían pasar juntos el resto de sus vidas. “A menos de un año de comenzar la relación ya nos estamos casando. Queremos transitar el tramo final acompañados”, explicó Lucio, abogado retirado ya de su profesión.
“Hace dos meses viajamos en un crucero, y ahí me propuso casamiento. Me pareció una broma al principio. De novios estábamos bien, pero mejor así, juntos para toda la vida que nos queda, que no será tanta pero que vamos a disfrutar”, comentó Noemí.
Como no se ponían de acuerdo sobre dónde vivirían, decidieron alternar entre La Plata y la ciudad Feliz. “Me gusta Mar del Plata, pero acá tengo mis afectos y también mi pasión por Gimnasia”, explicó Juan Lucio, que va a la cancha cuando el Lobo juega de local. Lejos de ponerse celosos o de poner palos en la rueda, las respectivas familias de los protagonistas de esta historia recibieron la noticia con alegría. “Están chochos, se sacan al viejo de encima”, dijo Juan Lucio, entre risas. Noemí también afirmó que entre sus afectos están felices con su elección: “Mis nietos lo aman, ya le dicen nono”.
Así, como una muestra de que el amor no tiene edad, mañana ambos podrán cumplir un sueño que tenían postergado. “Cuando uno está solo es duro. Llega la noche y no sabe qué hacer, quiere visitar a sus amigos y ellos ya murieron. Es hermoso poder volver a armar una familia”, concluyó Juan Lucio.



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