A?MA?s policA�as en las calles? Por el fiscal Marcelo Romero (*)

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Es la muletilla obligada de gobernantes y aspirantes a serlo. Es la primera promesa que realizan los ministros de seguridad -o equivalentes- cuando se hacen cargo de dicha cartera y ejercen la comandancia polA�tica de las fuerzas policiales de su distrito.
TambiA�n es el reclamo -genuino- de los contribuyentes, cuando sienten en carne propia las terribles consecuencias de la criminalidad. Cada dA�a mA?s profusa. Cada dA�a mA?s sanguinaria.
Por lo general, es una promesa que los polA�ticos cumplen. Las ciudades son saturadas de uniformados, sea en patrullas, motos, caballos o bicicletas, sea en paradas fijas, garitas o puestos de vigilancia. TambiA�n es cierto que cuando mA?s se acercan los tiempos electorales, mA?s efectivos recorren las calles y avenidas de pueblos y ciudadesa��
Peroa�� A?Es realmente efectiva, para enervar la criminalidad o al menos para reducir sus aciagos efectos, la reiterada fA?rmula de colocar a�?mA?s policA�as en las callesa�??
La respuesta negativa parece imponerse. Al menos, si se considera a esta trillada fA?rmula como una soluciA?n mA?gica y exclusiva.
En primer lugar, el delincuente no se intimida frente a la a�?presencia policiala�?. Si asA� fuera, no habrA�a delincuentes que enfrenten a la policA�a. Por el contrario, el comportamiento criminal se caracteriza por el desafA�o constante al sistema penal. Es decir a las leyes penales y a las autoridades de aplicaciA?n del aparato preventivo, represivo, investigador, juzgador y sancionador del Estado.
En segundo lugar, las potestades policiales de prevenciA?n delictual han sido considerablemente reducidas en los A?ltimos tiempos, merced a reformas legislativas que limitaron su accionar y a fallos judiciales que han tachado de ilegales o -directamente- de violatorios a la ConstituciA?n Nacional y a los Derechos Humanos a ciertas prA?cticas de las policA�as y de las fuerzas de seguridad.
Con los rA?tulos de policizaciA?n, policializaciA?n, estigmatizaciA?n, militarizaciA?n policial, derecho penal del enemigo, entre otros tA�rminos que adornan cursos, conferencias, libros y revistas de los gurA?es minimalistas del Derecho Penal, o -directamente- abolicionistas, distintos fallos judiciales hicieron posible que la fuerza policial se fuera quedando con muy pocos instrumentos para su tarea especA�fica de prevenciA?n.
A modo de ejemplo, casi no existen contravenciones ni edictos policiales. Las pocas que siguen vigentes, han quedado limitadas al contralor de organismos administrativos o municipales. Se ha eliminado el arresto temporario por a�?averiguaciA?n de antecedentesa�?, quedando limitado sA?lo en caso de negativa del particular a indentificarse al personal policial. Sin embargo, campaA�as oficiales y no oficiales a�?informana�? a la poblaciA?n que las fuerzas policiales no tienen derecho a exigir identificaciA?n (A??).
Ya no existen los A?lbumes de a�?modus operandia�?, pues los jueces han entendido que una colecciA?n de fotografA�as de delincuentes es a�?estigmatizantea�� y no pocos magistrados judiciales han considerado que perjudican y contaminan la investigaciA?na��
Las conductas pre-delictuales no pueden ser controladas por las policA�as y las fuerzas de seguridad. A modo de ejemplo, el denominado a�?olfato policiala�? o la a�?actitud sospechosaa�? han sido demonizados en los Tribunales Penales, casi como si se tratara de prA?cticas de la Gestapo.
Los a�?cacheosa�? y requisas tambiA�n han sido discutidos por jueces y fiscales, habiA�ndose dictado infinidad de nulidades de procedimientos que culminaron con secuestros de armas, sustancias psicoactivas, elementos robados, etc.
Las policA�as y las fuerzas de seguridad no pueden actuar preventivamente en piquetes, cortes de calles, rutas o puentes. Salvo casos muy especA�ficos, en donde se requiere orden judicial.
Las policA�as y las fuerzas de seguridad no pueden actuar en disturbios estudiantiles en dependencias de universidades pA?blicas, pues la legislaciA?n vigente ha convertido a las casas de altos estudios en virtuales a�?sitios con inmunidad diplomA?ticaa�?, donde no ingresa nadie, salvo los integrantes de la comunidad universitaria.
En este contexto, se ven efectivos policiales deambulando sin rumbo fijo por las calles de las ciudades, gastando combustible de los patrulleros al solo efecto de que el ciudadano vea luces azules destellando por su barrio.
El ladrA?n no robarA? frente al patrullero o al caminante que pasa frente a A�l. Simplemente, optarA? por otra calle o por otro momento para cometer sus tropelA�as.
A?QuA� hacer entonces?
Si lo que se pretende es que las policA�as y las fuerzas de seguridad sean eficientes en la prevenciA?n, es decir, en el adelantamiento a la conducta criminal, se deberA? aprovechar al mA?ximo las posibilidades que brinda la tecnologA�a moderna: CA?maras de seguridad fijas y mA?viles (domos, drones, etc.); detectores de metales en oficinas pA?blicas; desarrollo de la inteligencia criminal y no espionaje de peluquerA�a; estudio y anA?lisis de la informaciA?n brindada por otras fuerzas; construcciA?n de bases de datos de crA�menes y criminales, entre otras actividades.
Los formadores de los futuros integrantes de las fuerzas del orden deberA?n priorizar el entrenamiento, la capacitaciA?n; ser ejemplo de conducciA?n y liderazgo. El oficial de policA�a moderno, mA?s que deambular por las calles para que los gobernantes puedan mostrar a�?presenciaa�?, deberA?n profundizar el estudio y anA?lisis de la conducta criminal.
Pero, por sobre todas las cosas, si se pretende algA?n A�xito en esta empresa, deberA? existir DISCRECIA�N en las polA�ticas de seguridad. Si los responsables polA�ticos anuncian a los cuatro vientos, conferencia de prensa incluA�da, los mecanismos tendientes a evitar las conductas delictivas, el criminal sA?lo tiene que encender su televisor para saber que hacer y que no hacer.
La prevenciA?n de incendios no se logra con autobombas recorriendo los barrios buscando humo.
La medicina preventiva no tiene entre sus postulados el derrotero de ambulancias en procura de heridos.
Por una vez se impone ser un poco -solo un poco- mA?s inteligente que los criminales.
No se trata de una gran faena.
(*) Marcelo Carlos Romero – Fiscal del Ministerio PA?blico – Miembro de Usina de Justicia

1 comentario
  1. Guillermo dice

    Hola me robaron un camion astra 8×4

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