“Una ponderación al gradualismo” Por Roberto Costa (*)

(*) Roberto Raúl  Costa. Senador. Oriundo de Escobar. Presidente   del Bloque de Senadores Cambiemos  de la Provincia de Buenos Aires.

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Las Grandes Transformaciones Necesitan Tiempo.  Desde diciembre del 2015, Argentina ha comenzado a cambiar.

Nuestro  gobierno en aquel momento recibió un país en ruinas,  con todas las instituciones públicas destruidas,   después de 12 años de una administración donde reinaba  el desorden,   la ausencia de planificación y el descontrol  del gasto público.  

En aquel entonces, los mayores problemas se reflejaban – entre otras cosas – en un Estado sobredimensionado,  destruido, ineficiente, con un déficit fiscal insostenible (el más elevado en los últimos 30 años), con una inflación del 20 % anual (una de  las tasas  más altas del mundo), y una presión tributaria asfixiante  que rondaba en el 31, 2 % del PBI, las exportaciones habían caído en un 25 % entre 2013  –  2015.  La situación social era crítica,  por entonces había en Argentina 3.8000.000 familias que no tenían vivienda digna,  un 51 % de la población activa del país tenía problemas de empleo (cobraban menos del salario  mínimo) y había 11, 7 millones de argentinos en situación laboral muy  precaria.   En este escenario  el país no crecía en los últimos 4 años. Lamentablemente esta situación se replicaba en nuestra provincia y  en casi todos los municipios bonaerenses.   

Ante el panorama descripto la administración pública – en todas sus instancias –   se mostraba con estructuras anacrónicas, sin una planificación estratégica ni  división de funciones acorde a los servicios  y acciones que el Estado debía  llevar adelante   para enfrentar la crisis señalada.

La sociedad fue víctima de esta modalidad caótica  de administración, y nos fuimos acostumbrando a las desviaciones, informalidades y deficiencias de un sistema público que no otorgaba respuestas a la problemática social imperante. Trabajar sin aportes, o en negro, conformar cooperativas ineficientes, con un alto grado de desesperanza y  ausencia de motivación, eran moneda  corriente entre nosotros. En síntesis, fuimos víctimas de un populismo contaminante donde se ofrecía un supuesto  bienestar para “el hoy” pero sin considerar las consecuencias del mañana, y así transitamos la conocida década ganada del relato K.

Este nuevo gobierno asumió el compromiso real de revertir el escenario descripto, para  mejorar la calidad de vida y  lograr el bienestar general tan ansiado. Para ello, los Argentinos debemos mostrarnos maduros y enfrentar grandes desafíos en los próximos años, que impliquen generar cambios tales como: Reformar y modernizar las Administración Pública, Modificar el sistema tributario, reformar el sistema laboral, el sistema educativo,  profundizar la inserción en los mercados internacionales, desarrollar la infraestructura en general y facilitar el trasporte (para ser  competitivos),   entre otras cuestiones marco de indispensable tratamiento.

En este sentido,  impulsado por el triunfo electoral del 22 de octubre pasado, nuestro Presidente llamo a generar los consensos básicos, donde planteo tres ejes concretos  para profundizar la transformación propuesta, diciendo: “debemos trabajar sobre “responsabilidad fiscal,  que comprende el tema déficit público, la inflación y los impuestos;  favorecer el empleo, con más y mejores trabajos, y hablar de Republica y calidad institucional.”

La pregunta que todos nos hacemos  – o deberíamos hacernos – , es   ¿Cómo llevamos adelante los cambios propuestos?,  ante un panorama donde las estructuras e instituciones sociales vienen funcionando de manera inapropiada desde hace más de 50 años.

Amén de que muchos encumbrados  economistas  – sostengan lo contrario –,  creemos que  el gradualismo es claramente el camino para llegar a los cambios que planea y propone nuestro presidente. A  nuestro modo de ver la modificación de las conductas sociales  no se logran   de un día para el otro, pues debemos tener en cuenta que lo que estamos proponiendo es un Cambio Cultural para los argentinos, que va mucho más allá que una política de parches como se venía haciendo durante los  gobiernos anteriores.  

Gradualismo significa que los cambios sociales y estructurales  deben ocurrir de manera escalonada, mediante acciones que modifiquen progresiva y continuamente  la administración pública en todas sus instancias de gobierno. Llevar adelante las políticas propuestas, implica no solo una modificación generalizada de nuestra sociedad,  sino también un cambio  en la conducta individual de todos y cada uno de los argentinos, y para ello se requiere constancia,  motivación y ejemplo. 

Nunca se puede pasar del todo a la nada, el hombre necesita tiempo para transformarse, para modificar individual y socialmente sus conductas.  A manera de ejemplo decimos que,  no podemos pretender que una persona que por razones de necesidad sea parte de una cooperativa de trabajo nacida de la emergencia, al otro día constituya una unidad productiva competitiva y eficiente en el mercado nacional e internacional,  tampoco un trabajador pasará de la noche a la mañana a estar en las mejores condiciones laborales, ni el empresario a ser un generador de más empleo de un día para el otro,     de  este modo podemos dar miles de ejemplos.

Hoy existe una necesidad del  gradualismo en el cambio y es el momento oportuno para ello, pues  antes  las estructuras institucionales  y sociales se presentaban como inflexibles para renovarse y modificar su esencia, era impensable hablar de grandes reformas o de afrontar un “reformismo permanente” como impulsa nuestro presidente,   esto gracias a un gobierno – que más allá de sus proyectos  – está dispuesto a atender otras propuestas e ideas que provengan  de diferentes sectores sociales y políticos, en fin un gobierno que escucha y que construye su agenda programática  en base al dialogo.    Para desterrar – de este modo – posturas inamovibles que llevaron a posiciones irreconciliables en el pasado.      

Ahora bien, para aplicar certeramente el gradualismo, es indispensable la planificación con  objetivos precisamente  determinados  y pautas a cumplir a corto, mediano  y  largo plazo. Es decir tener en claro, que cambiar, como cambiarlo, y que tiempo nos llevará este proceso.

Otra cuestión  indispensable es no atar los tiempos de los cambios a los procesos electorales, pues en cuatro años difícilmente se haya logrado todo lo propuesto. Si nos manejamos con un  gradualismo perseverante,  evaluado en cada etapa y con metas claras,    en plazos de 2,  6, 8,  10 años o más,   vamos a ir logrado el resultado en las políticas propuestas desde el inicio de este nuevo gobierno.

No cabe dudas que el objetivo de Macri es llevar a  la Argentina a ser un país normal, basado en nuevos paradigmas políticos y de gestión, y para ello este gobierno tiene dos características fundamentales: el gradualismo y  la búsqueda del consenso, con estas herramientas tendremos en el futuro el país que todos los argentinos nos merecemos.

En definitiva, como decía Ortega y Gasset “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande; sólo es posible avanzar cuando se mira a lo lejos”.



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