“Mi padre murió y yo pienso que cada muerte debe servir para enseñarnos” Por Pablo “Colo” Pérez

Amigos les dejo estas palabras. Mi padre murió y yo pienso que cada muerte debe servir para enseñarnos. Me brotaron del corazón. El Colo Pérez

pablo colo

El tipo apretó el gatillo y le voló la cabeza. Era mi viejo, murió casi al instante por 20 pesos. Repartía mercadería para Kiosco en una camioneta Ford F 100 modelo 81. Su vida eran las cosas sencillas. El Lobo, sus amigos, su familia, viajar llevando cosas a lugares incomprensibles. Más pérdida que ganancia papá, le decía yo. Era peronista y amaba que yo fuera radical, de Alfonsín. Yo soñaba noches enteras en como matar al asesino de mi padre, hacerlo lentamente, con sufrimiento. Esa fue mi fantasía durante años. Quemarlo, cortarlo de a poco, miles de formas de pensar la muerte en una fantasía atroz que hoy en el tiempo me estremece. Nunca supe más nada de él. Hoy cuando escucho hablar de inseguridad me planteo interrogantes, preguntas. El disparo de Chocobar lleva el mismo recorrido de esa estupenda película llamada El Señor de las Armas, la bala busca su destino sellado por años y años de una sociedad que se miró el ombligo y cuando quiso ver por sobre la reja ya era tarde. Los miserables de los andurriales matan, pero también matan en Puerto Madero. Una sociedad partida, aniquilada por años y años de peleas estériles en enfrentamientos pírricos más cercanos al terreno de las canciones de tablón que del pensamiento profundo, que alimenta. Nos odiamos profundamente. Y despreciamos la vida. Chocobar disparó y mató y entonces las tribunas se enfrentan en un duelo de barras bravas. Y salen con un discurso tan obvio que sirve para los cientos de Chocobar que vendrán, para los cientos de miserables que matan por 20 pesos, para todos y todas. Las luces se apagan, 90 minutos y el partido termina. Somos 90 minutos de sociedad. Alguna vez cuando haya empate deberíamos pensar en el alargue. Mi viejo solía decir que siempre había que darle una oportunidad a la gente. Él no la tuvo en ese fatídico día. Pero allá arriba debe seguir pensando igual. Yo sostengo que hasta que no alimentemos y sembremos oportunidades sólo estaremos generando más violencia.  Griten más fuerte en las tribunas que el disparo no se escucha, pero mata.



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