El Arzobispo Víctor Fernández encabezó el Te Deum del 9 de Julio

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En una Iglesia Catedral con gran presencia de laicos, religiosos y autoridades locales y provinciales, el Arzobispo Víctor Manuel Fernández presidió el primer tedeum al frente de la Arquidiócesis de La Plata.

Con un mensaje direccionado a la preservación de la vida, la dignidad humana, y la ayuda a quienes están excluidos, Mons. Fernández se refirió al primer aspecto de su homilía, explicando en lo que consta el verdadero “espíritu de la política”, aquella que también “podríamos llamar ‘la política profunda’, para que lo que construyamos esté realmente asentado sobre la roca y no sobre arena”.

Mons. Fernández ahondó en diversos pasajes de sus discursos tomando las palabras del Papa Francisco, siendo él mismo quien explica que “cuando se dice que algo tiene espíritu esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria”.

“Cuando la acción política tiene espíritu, entonces sí es capaz de llegar a lo más hondo de las problemáticas del pueblo. Por eso dice el Papa: ‘¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo’”, citó el Arzobispo Víctor Fernández.

Asimismo, Mons. Fernández rememoró que “Francisco quiere rehabilitar la política, porque hoy se la suele denigrar hasta tal punto que parece que hay que reemplazarla por la empresa”. “El Santo Padre, en cambio dice que ‘la política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común’”, señaló Mons. Fernández.

En ese sentido, el Arzobispo precisó que existe “una forma de la caridad que se llama precisamente ‘caridad política’, y que procura modificar las condiciones para que se haga posible el bien común”. “La caridad no es sólo el principio de “las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”, argumentó Mons. Fernández.

En ese sentido, Mons. Fernández añadió que “cuando hay caridad, amor, entonces sí hay espíritu en la política, y así no hay superficialidad, sino dolor, dolor de amor, como dice Francisco, quien subraya; “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres y  esta caridad que, es el corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos”.

Continuando en esa vía reflexiva, el Arzobispo reincidió; “Creo que la política se queda sin espíritu y se vuelve pragmatismo vacío cuando uno deja de amar la vida más frágil, la vida más pequeña y limitada, cuando ya no lo hiere la vida amenazada, cuando ya no se obsesiona por salvar a todos”.

“En cambio el corazón político, que de verdad busca el bien común, siente a los otros como parte suya, los lleva dentro y todos son valiosos. Por eso le preocupa el cuidado de toda vida, protege la inmensa dignidad de cada persona humana. Desde los niños por nacer, indefensos e inocentes, hasta el más abandonado y olvidado de los pobres o enfermos”, adujo Mons. Fernández.

En este marco, el Arzobispo referenció aseveró que es “fácil entender por qué a muchos nos preocupa cuidar la vida de los que no nacieron para poder defender de verdad los derechos humanos. Porque los derechos de un ser humano se pueden defender en cualquier circunstancia solamente si ese ser humano tiene un valor no negociable”.

El Arzobispo recordó que esto referido a la defensa de la vida de quienes aún no nacieron y de los derechos humanos, no responde a un dogma exclusivo de los que solamente son creyentes, sino que es simplemente “humanismo”. Allí, Mons. Fernández citó al actual presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez quien vetó una ley de aborto y no movido por un dogma, “sino por una convicción profundamente humanista, la convicción de que la vida humana se defiende siempre o siempre quedará expuesta a cualquier atropello”.

“La opción por los pequeños, por los más débiles, por los más pobres, supone percibir el altísimo valor de cada uno de ellos, e implica, según Francisco, ‘servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia… y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos’. “¡Cuánto vale cada ser humano!”, rememoró Mons. Víctor Fernández.

A su vez, el Arzobispo reflexionó que “sólo con esta mirada del corazón, que percibe la dignidad del otro, los pobres son valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad. Esta mirada es el núcleo del verdadero espíritu de la política.

Otro de los pasajes de sus palabras en este tedeum del 9 de julio, estuvieron fuertemente marcadas por la necesidad llamar a un “pacto cultural”. “No hablo de la cultura en sentido académico, de la cultura como ilustración, sino en su sentido más amplio; como forma de vida de un grupo humano, como estilo, como formas de pensar, de trabajar, de expresar la propia fe y de festejar”.

Junto a esto, Mons. Fernández remarcó el segundo punto referido al “espíritu de la política”, a quien el Papa Francisco llama una “cultura del encuentro”, en donde “el amor al encuentro entre nosotros se haga cultura, se haga carne, convicción, deseo, y no una mera estrategia de supervivencia”.

“El tercer gran tema de este “espíritu” de la política es el deseo de promover a todos. Al político de alma no le alcanza con resolver urgencias o con subsidiar. Ama promover al otro, desea su desarrollo integral, su educación, su cultura, su espiritualidad, todo lo que dignifica a la persona y le permite ser adulto y tomar la vida en sus manos”, mencionó Víctor Fernández, quien se interrogó; “¿Cómo podemos vivir los cristianos este espíritu de la política?.

La respuesta a tal inquietud, fue contundente, ya que el Arzobispo afirmó que es “Jesús nuestro modelo”. “No era un político, pero era el Dios hecho carne con la gente, metido en las entrañas del pueblo y de la historia. Su entrega en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia”, precisó, Víctor Fernández.

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