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“Roar”, la película más peligrosa de Hollywood: 150 animales salvajes, 70 ataques de leones y actores desfigurados

Actualidad 10 de abril de 2021 Primera Página Primera Página
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Un león ruge. Avanza en un camino de tierra y salta sobre otros de la manada. Un hombre desgarbado se mete en la multitud de felinos. Parece un momento de juego, de divertimento, de placer. Pero detrás se esconde una de las historias más peligrosas de Hollywood. Es una de las primeras escenas de Roar, la película que financió la actriz Tippi Hedren junto a su entonces marido Noel Marshall y que tardó más de una década en producirse, fue un fracaso comercial rotundo, dejó un tendal de heridos en el equipo de filmación, a tal punto que algunos necesitaron cirugías para recuperarse.

Para entender las razones que llevaron a Marshall y a Hedren a poner su dinero en este delirio hay que explorar el fanatismo de los dos por la vida salvaje. La actriz que protagonizó Los pájaros, de Alfred Hitchcock, contó en el libro The Cats of Shambala que cuando estaba trabajando en el film Satan’s Harvest en Zimbabwe, fue de viaje junto a su esposo a Mozambique. Allí visitaron una casa que tenía 30 leones y el productor fue terminante: “Tenemos que hacer una película sobre esto”.

“Roar” tardó 11 años en estrenarse 


Para poder llevar adelante la producción lograron llevar leones a su casa de Los Ángeles y construyeron un hábitat natural en Soledad Canyon al que bautizaron Shambala Preserve. Este fue el set donde rodaron las escenas. Entre los grandes felinos que se ven, además hay tigres, leopardos, guepardos, pumas y jaguares. Son más de 150.

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El proceso total duró 11 años, ya que el guion se hizo en 1969, mientras que la filmación real comenzó en 1974, con un costo total de 17 millones de dólares, un disparate para un film catalogado de “hogareño” y dentro de un circuito independiente. La financiación de Roar estuvo a cargo íntegramente de Marshall y Hedren, que hipotecaron sus propiedades, vendieron su casa de Beverly Hills, varias hectáreas que tenían en el Valle de San Fernando y otros activos que tenían ahorrados. El resultado fue un fiasco comercial.

“No puedo creer que nunca abandoné la película. No sé cómo sobrevivimos”, aseguró Hedren cuando Variety la entrevistó por el lanzamiento de su autobiografía Tippi: A Memoir, donde relató los abusos que recibió por parte de Hitchcock en Los pájaros y Marnie, además de precisar el sufrimiento que padeció durante la filmación de Roar.

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La idea de hacer esta película era tan desquiciada que los papeles principales y la realización integral quedó reservada para la familia. Marshall llevó a sus hijos como protagonistas, John y Jerry, y Hedren a la suya, Melanie Griffith, además de ubicarse ellos en los roles protagónicos.

El argumento de Roar, que es una ficción, por momentos tiene espíritu realista: buena parte de su metraje se rodó con varias cámaras en simultáneo, como si fuera una película documental. Un ambientalista que vive junto a grandes felinos en África Oriental espera en su rancho a su familia que viaja desde Chicago. El peligro ocurre cuando los hijos y la mujer quedan en manos de los leones salvajes.

Los ataques de leones a actores, productores y realizadores 


Los inconvenientes más graves tuvieron un origen natural y accidental. En el primer grupo, hubo situaciones externas que impidieron que el film continuara con su habitual producción. Durante 1978, se inundó un par de veces el rancho de Marshall y muchos de los leones, murieron. Además, el agua arrasó con el escenario, los decorados y el metraje que tenían hasta ese momento. La pareja protagónica perdió, solo en eso, 4 millones de dólares.

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El segundo hecho ocurrió en 1979, cuando un incendio forestal cercó al rancho y a los animales que vivían allí: todos fueron evacuados a otro lugar y Noel Marshall fue lastimado por un guepardo cuando intentaba salvar a las especies. Más pérdida de tiempo, más problemas para el director.

“Setenta personas resultaron heridas en este film, pero ningún animal”. Ese fue el eslogan con el que se promocionó a la película, aunque en realidad no hubo tanta gente lastimada, sino que lo que ocurrieron fueron decenas de ataques.

Los accidentes pasaron con varios miembros del equipo técnico, actores y realizadores. Melanie Griffith, la hija de Hedren, que también actúa en el film, recibió 50 puntos de sutura en la cara y casi pierde el ojo. Para evitar esto, tuvieron que someterla a una cirugía. Otra secuencia, en la que un león la agarra del pelo y no la suelta, quedó en la película.

Otro de los heridos fue el director de fotografía, Jan de Bont, que recibió lastimaduras graves en la cabeza. Para curarlo le tuvieron que hacer 120 puntos de sutura en el cuero cabelludo. A pesar de lo que le pasó, después de recuperarse, volvió al trabajo.

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Marshall, el director, fue uno de los más lastimados. Si se presta atención a la hora y media que dura la película, el protagonista y realizador está todo el tiempo herido en la trama. Esos cortes que sufre son reales, al igual que la sangre que se ve. Además, tuvo gangrena, ocasionada por las mordeduras que recibió por parte de los felinos.

El hijo de Marshall, John, sufrió las consecuencias de meterse con la vida salvaje. En un reportaje con The Hollywood Reporter recordó que un león macho se aferró a su cabeza y seis hombres tardaron 25 minutos en separarlo del animal. “Fue una mordedura muy traumática, pero volví dos días después”, rememoró.

La caída en picada de “Roar” 

Tippi Hedren la pasó muy mal. La actriz se fracturó una pierna en una secuencia en la que un elefante la tira hacia atrás. Además, sufrió las mismas consecuencias que padecieron muchos de sus compañeros con los felinos: una leona la mordió en la cabeza y recibió 38 puntos de sutura. “Cuando te muerde un león no es solo que podés tener una herida abierta. Además de la conmoción que genera, la presión de esas enormes mandíbulas es tan fuerte que duele”, comentó, la intérprete, según cita IMDb.

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La pérdida económica de Roar, las dificultades de su realización y la intervención de toda la familia en la película fueron parte de las razones por las que el matrimonio entre Marshall y Hedren terminó. En 1982, un año después del estreno, la pareja se disolvió. En el camino había quedado el olvido comercial de su sueño fílmico. De acuerdo a The Hollywood Reporter, a nivel internacional, la producción recaudó 2 millones de dólares, una cifra muy alejada al costo de 17 millones.

En 2015, más de 30 años después de que se viera por primera vez, Roar se reestrenó en pocas salas. Según Box Office Mojo, solo consiguió algo más de 110 mil dólares de recaudación en los Estados Unidos. El dinero, a esa altura, ya no era lo que importaba. Su registro en Hollywood como la filmación más peligrosa de la historia quedó instaurada para siempre igual que la marca que puede dejar la garra de un león. Fuentes: lamovidaplatense.info y tn.com.ar

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