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La escucha que sana: no se ayuda a los que sufren culpándolos porque no se ponen las pilas

Opinión 05 de junio de 2021 Primera Página Primera Página
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Todos necesitamos que nos escuchen. Podemos pedir que lo hagan para dejar un tema claro, una información, el detalle para realizar alguna actividad correctamente. 

Pero la escucha profunda, aquella que nace de la necesidad de comunicar algo desde lo más profundo y que es difícil de verbalizar, esa no es tan fácil.

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No lo es porque quien quiere expresarse puede sentir obstáculos, bloqueos, el temor de quebrarse emocionalmente. 

Pero tampoco lo es porque quien recibe esa carga de pensamientos y sentimientos, debe estar preparado para contener con gran fortaleza al otro, sin caer con él.

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Así es que se habla mucho de “empatía”, la capacidad para participar de los sentimientos del otro, con la mayor compasión posible (padeciendo con él), sin caer en el pozo donde el otro se encuentra.

A veces le hablamos a quien sufre con recetas hechas, con respuestas que lejos de ayudarlo lo perjudican aún más: “Hacé un esfuerzo”, “Pensá en tus hijos”, “Mirá cuántos se ponen mal por tu situación”. 

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Esas y muchas frases más, hunden a quien está pasando un mal momento. Lo culpamos porque no hace esfuerzos, no piensa en sus hijos, no se pone en el lugar de los otros. En esos casos no le falta voluntad, sino la capacidad mínima para subir sus pensamientos, sentimientos y emociones.

Hay mucho para aprender en el “arte de la escucha”. Al menos comencemos preguntándole al otro: ¿Qué deseás?, “¿Qué necesitás?, ¿Qué te gustaría hacer? Si dice “me siento mal”, tal vez podemos repreguntarle: ¿Estás angusitado?

 

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