

¿Por qué una mujer acumuló millones con videos íntimos de monjes budistas? Esa es la pregunta que mantiene en vilo a Tailandia desde que se conoció el caso de Wilawan Emsawat, apodada la “Señora Golf”, arrestada por chantajear a religiosos con miles de archivos sexuales. Pero lo más grave no es solo el fraude económico, sino cómo esto sacudió los cimientos de la institución más respetada del país.
A simple vista, podría parecer un escándalo más. Pero cuando se combinan relaciones sexuales secretas, grabaciones, y extorsión por millones, el asunto toma otra dimensión. ¿Cómo operaba la “Señora Golf”? ¿Y qué consecuencias trae esto para el budismo tailandés?
Wilawan Emsawat, de 35 años, seducía a monjes budistas, mantenía relaciones con ellos y grababa todo en secreto. Luego, usaba esos archivos sexuales para exigirles dinero a cambio de no divulgar el contenido. En solo tres años, habría ganado cerca de 11,9 millones de dólares, según informó la BBC.
Lo hacía con una frialdad calculada. Primero fingía un embarazo, luego pedía una suma por "manutención", y si el monje se negaba, le mostraba los videos. Así, al menos nueve víctimas habrían sido estafadas, aunque la policía encontró más de 80.000 archivos que podrían implicar a muchos más.
Todo comenzó cuando un abad de Bangkok abandonó su templo sin explicación. Había sido víctima de extorsión. La policía investigó y descubrió que la mujer tenía un historial repetido: se acercaba a monjes, los seducía, grababa los encuentros, y luego pedía cifras millonarias.
Según el informe oficial, parte del dinero lo retiraba en efectivo y otra parte iba a apuestas online. En julio, allanaron su casa y secuestraron los celulares. Ahí estaba la evidencia clave.
Este escándalo dejó expuesta a la Sangha, la organización que regula la vida monástica en Tailandia. Más del 90% de los tailandeses se identifican como budistas, por lo que el impacto fue enorme.
El Consejo Supremo de la Sangha anunció reformas urgentes. Incluso el rey Vajiralongkorn revocó títulos otorgados a más de 80 monjes por “mala conducta”. Se abrió una línea de denuncias ciudadanas para frenar casos similares.
Este no es un hecho aislado. En 2017, el monje Wirapol Sukphol fue acusado de delitos sexuales y fraude. En 2022, un templo entero quedó vacío tras la detención de cuatro monjes por drogas. La falta de control interno en la Sangha ya venía generando sospechas.
Expertos como Suraphot Thaweesak y la socióloga Prakirati Satasut coinciden: la estructura de la Sangha es tan jerárquica que muchos monjes jóvenes temen hablar. “Hay que cortar partes para salvar el cuerpo”, dijo Satasut. La gran pregunta es si esta vez harán algo más que prometer reformas.