

¿Alguna vez saliste de la ducha con la piel tirante, con picazón o hasta con ronchas? No sos el único. Lo que parece un placer inofensivo —esa ducha bien caliente en invierno— puede estar afectando más de lo que pensás. La ciencia ya lo comprobó: la temperatura del agua influye en la salud de tu piel. Y lo que descubrieron te va a sorprender.
La piel tiene una microbiota natural, es decir, microorganismos beneficiosos que viven en ella y la mantienen en equilibrio. Este ecosistema necesita un pH ácido para funcionar bien. Pero el agua caliente rompe ese balance: altera el manto ácido, reseca y favorece bacterias dañinas, según la American Academy of Dermatology (AAD).
El calor prolongado extrae humedad, aumenta la sudoración y genera pérdida de agua. Eso explica la resequedad y la sensación de tirantez después de una ducha muy caliente.
El aumento de temperatura activa moléculas inflamatorias que pueden causar picazón inmediata. Incluso hay casos de urticaria inducible crónica, con ronchas molestas que cambian de color según el tono de piel.
La AAD advierte que personas con dermatitis, psoriasis, rosácea, eccema o acné tienen más riesgo de empeorar con el agua caliente. Para ellas, moderar temperatura no es solo un consejo: es una necesidad.
La clave está en hidratar apenas salís de la ducha, con la piel todavía húmeda. Una buena crema debería tener:
Emolientes (como ceramidas o escualano) para reparar la barrera.
Humectantes (como glicerina o ácido hialurónico) que retienen agua.
Oclusivos (como vaselina o manteca de cacao) que evitan la evaporación.
Estudios clínicos muestran que aplicar emolientes todos los días ayuda a restaurar la barrera cutánea y reduce la pérdida de agua.
Evitá duchas largas: 5 a 10 minutos es lo ideal, según la Mayo Clinic.
Usá agua tibia en vez de caliente.
No frotes la piel al secarte, hacelo con palmaditas suaves.
Hidratá siempre después, con cremas hipoalergénicas y sin fragancia.
Además, Mindfood alerta que los baños prolongados con agua muy caliente pueden bajar la presión y aumentar la frecuencia cardíaca, algo peligroso en personas con problemas cardiovasculares.
Si después de la ducha sentís picazón, resequedad o brotes, lo primero es bajar la temperatura del agua. Si los síntomas no ceden, lo recomendable es consultar a un dermatólogo.