En el corazón simbólico de la niñez, la República de los Niños, La Plata propone este sábado una experiencia que va más allá de una simple agenda de actividades: un encuentro que busca poner en primer plano las voces y necesidades de las personas dentro del espectro autista, sus familias y los equipos que las acompañan. La iniciativa se desarrolla en un territorio con fuerte carga emocional —ese parque donde generaciones aprendieron a jugar, imaginar y descubrir— y lo resignifica como un lugar para pensar cómo la comunidad puede aprender también a incluir.
Aunque el evento contará con charlas, talleres y dinámicas participativas, su espíritu no se reduce a una grilla académica. Lo que se intenta activar es una conversación pública imprescindible: cómo construir entornos más respetuosos de las diferencias sensoriales, comunicacionales y sociales. En ese sentido, la jornada se presenta como una intersección entre la vida cotidiana y la política pública, entre la necesidad singular de cada familia y el compromiso general de la ciudad.
Las actividades se desarrollarán en la Plaza de las Américas, donde instituciones, fundaciones y organismos especializados compartirán experiencias, información y recursos. Pero lo decisivo no será la cantidad de stands, sino la posibilidad de que quienes transitan el espectro encuentren un espacio amable, libre de juicios y acompañado por profesionales con perspectiva integral. Allí, talleres para familias, docentes y acompañantes terapéuticos funcionarán como puntos de encuentro donde se cruzan dudas, certezas, aprendizajes y modos de acompañar que son tan diversos como las personas que integran el espectro.
El programa TEAcompaño, impulsado por la Municipalidad, se inscribe como la columna vertebral de este movimiento. Su objetivo no es solo acercar diagnósticos, terapias o herramientas administrativas, sino generar una red que sostenga, guíe y alivie especialmente a quienes enfrentan mayores situaciones de vulnerabilidad. En su trabajo con jardines, escuelas, clubes e instituciones, el programa entiende que la inclusión no se decreta: se construye a través de prácticas sostenidas y miradas colectivas que transforman lo cotidiano.
El encuentro también abre la puerta a seguir instalando información pública clara sobre el Trastorno del Espectro Autista, una condición del neurodesarrollo tan diversa que exige abordajes flexibles, sensibles y actualizados. La detección temprana, la escucha atenta de señales de alerta y el acompañamiento profesional no solo permiten comprender mejor cada proceso individual, sino que habilitan a las familias a transitarlo sin soledad ni incertidumbre.
Sin embargo, la jornada propone algo más profundo: invita a imaginar una ciudad donde las personas con TEA no deban adaptarse a un mundo que no fue pensado para ellas, sino que la propia comunidad pueda reformular sus modos de comunicarse, organizarse y habitar los espacios. Así, lo que ocurre en un día de actividades se convierte en un ensayo de futuro, un anticipo de la sociedad que podría ser.