Por: Jonatan Anaquin
En Núñez comenzó un proceso que, puertas adentro, se venía gestando desde hace meses: la decisión de desprenderse de jugadores de jerarquía para aliviar una masa salarial que creció al ritmo de las urgencias deportivas. La salida de referentes como Miguel Borja, Enzo Pérez, Nacho Fernández, Milton Casco y el Pity Martínez no es solo un ajuste futbolístico: es la señal de que el club atraviesa un período de revisión profunda después de un año que dejó heridas.
El ahorro estimado —cercano a los U$S 9 millones anuales en contratos que terminan en diciembre— habla de una estructura que necesitaba corregir desajustes. En los últimos mercados, River había apostado a contratos altos para sostener competitividad inmediata, pero esa estrategia terminó chocando con una realidad deportiva adversa y un balance que pedía correcciones.
La limpieza del plantel no se restringe a los que quedaron fuera por decisión técnica: Paulo Díaz, Fabricio Bustos, Sebastián Boselli y Facundo Colidio figuran entre los que tienen mercado y podrían dejar otra suma significativa en las arcas del club. La directiva repite en privado una frase que se volvió regla: “no hay jugadores intransferibles”.
Este escenario marca, sin decirlo abiertamente, el momento que vive Marcelo Gallardo. Tras un año de resultados irregulares, el entrenador parece necesitar un lienzo en blanco: un plantel más corto, con salarios más acordes a la nueva política, y con incorporaciones específicas que permitan construir su idea desde cero. En ese sentido, su decisión de comunicar personalmente la salida de varios históricos expresa tanto autoridad como reconocimiento del ciclo que se apaga.
El caso Giuliano Galoppo, cuyo pase River intentará comprar, muestra otro matiz: el club quiere renovar piezas, pero sin repetir viejos errores de gasto desmedido. Su eventual contrato se alineará con esta nueva etapa, donde los números pesan tanto como el rendimiento.
Lo que se viene no será sencillo. Una depuración de este calibre exige liderazgo, convicción y un plan deportivo sólido. River parece decidido a ordenar su economía para recuperar su identidad competitiva, y Gallardo —que conoce como pocos la tensión entre reconstrucción y urgencia— buscará convertir este recorte en una oportunidad.
Porque detrás de cada salida hay un mensaje silencioso: River ya no busca sostener un ciclo, sino volver a empezar uno.