La final de la Copa Libertadores 2025 encuentra a Palmeiras y Flamengo en un escenario donde el fútbol deja de ser solo competencia: se convierte en un espejo que expone fortalezas, fragilidades y rumbos opuestos. En el Estadio Monumental de Lima, estos gigantes brasileños vuelven a coincidir en una definición que promete más que una medalla, porque quien levante el trofeo se convertirá en el primer tetracampeón brasileño del continente, una marca que redefine legados.
Palmeiras llegó hasta aquí transitando una montaña rusa deportiva. Su recorrido en esta edición fue una escalada admirable: victorias en todos los compromisos de la fase de grupos, autoridad en octavos y cuartos, y una remontada heroica ante Liga de Quito tras un 0-3 que parecía sentencia. Ese impulso emocional es hoy uno de sus mayores capitales. Sin embargo, el equipo de Abel Ferreira arriba golpeado desde otro frente: su presente en el Brasileirao es tan frágil como inesperado, acumulando cinco partidos sin victorias y mirando de lejos una liga que parecía accesible meses atrás. Esa contradicción —brillar en el continente mientras tambalea en casa— convierte al Verdao en un equipo imprevisible, capaz de lo glorioso y de lo turbulento en un mismo compás.
Flamengo, en cambio, trae consigo una narrativa más lineal, sostenida por una campaña sólida y un plantel que aprendió a sobrevivir en partidos cerrados. Sufrió ante Racing, sudó ante Estudiantes y mantuvo su jerarquía en la serie frente a Inter. Pero lo que define su presente es su andar en el Brasileirao: líder absoluto, con ventaja sobre Palmeiras y con la posibilidad de coronarse campeón nacional apenas días después de esta final. El equipo de Filipe Luís combina oficio con carácter, respaldado por individualidades que saben convivir con la presión.
Y así, con líneas argumentales que marchan por carriles diferentes, los once nombres confirmados para esta final revelan dos modos de afrontar la historia. Ferreira apuesta a la intensidad, a la presión alta y a un ataque que mezcla potencia y movilidad con José Manuel López y Vitor Roque, mientras que la conducción de Raphael Veiga vuelve a ser un termómetro emocional y futbolístico. Flamengo, en cambio, construye desde la experiencia: Agustín Rossi, la jerarquía de Léo Pereira, la creatividad de De Arrascaeta, el desequilibrio de Bruno Henrique y la presencia de Carrascal componen un once que no necesita explicaciones para entender sus ambiciones.
El telón de Lima se abre con un duelo que suspende el tiempo. No importa la racha, el desgaste o los murmullos: importa quién será capaz de sostener la identidad bajo presión. En esa convergencia de presente y deseo, Palmeiras y Flamengo se enfrentan en una final que puede redefinir el mapa emocional y competitivo del fútbol brasileño. La Copa espera. Y la historia también.
18.15 Argentina
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