La madrugada del 1° de enero dejó una imagen tan potente como simbólica en Berisso: un muñeco de grandes dimensiones que representaba a Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), ardió en medio de cánticos y reclamos dirigenciales. El hecho se dio en el marco de la tradicional quema de muñecos de Año Nuevo, una costumbre profundamente arraigada en La Plata y sus alrededores, donde cada figura elegida suele ser una síntesis del humor social del año que terminó.

La iniciativa fue impulsada por “Los Pibes de la 68”, un grupo de hinchas de Gimnasia. La escena se montó en la zona de 124 y 68, en el barrio Villa Progreso de Berisso, y no dejó lugar a dobles lecturas: Tapia fue elegido como uno de los “personajes del año” y convertido en el blanco del ritual del fuego.
La representación no fue ingenua. El muñeco mostraba al titular de AFA con dos valijas en sus manos, un detalle que aludía directamente a las sospechas públicas sobre el manejo de grandes sumas de dinero y propiedades suntuosas sin explicación clara, un tema que atraviesa el debate futbolero desde hace meses. El fuego se encendió exactamente a las 2.22 de la madrugada, un guiño cargado de simbolismo para la hinchada del Lobo, cuya barra es conocida como “La 22”.

Aunque durante buena parte de 2025 las fricciones más visibles de Tapia se dieron con Estudiantes y su presidente, Juan Sebastián Verón, fueron los hinchas del club rival quienes llevaron adelante esta protesta simbólica. La quema combinó festejo popular con reclamo político, en un clima donde los cánticos contra la AFA marcaron el pulso de la escena.
El episodio no ocurrió en el vacío. Tapia fue protagonista de varios escándalos recientes, que incluyeron cuestionamientos deportivos, fallos arbitrales polémicos y avances judiciales por presuntos hechos de corrupción que también salpicaron al tesorero de la AFA, Pablo Toviggino. Todo ese contexto encontró en el muñeco incendiado una imagen de alto impacto, capaz de sintetizar un descontento que excede a un club o una rivalidad puntual.
En paralelo, Juan Sebastián Verón publicó un balance del año con duras críticas a la conducción del fútbol argentino. “Fue un año de lucha, de aprendizaje y de trascendencia”, escribió, y reivindicó valores como la dignidad, la identidad y la resistencia a los abusos de poder, conceptos que dialogan directamente con el mensaje que bajó desde la calle en la noche de Berisso.
No fue un hecho aislado. En distintos puntos del partido de La Plata aparecieron muñecos y consignas contra la AFA, entre ellos carteles con leyendas como “AFA no”, reforzando la idea de que la protesta no respondió a un impulso individual, sino a una sensación extendida de hartazgo.

Cada Año Nuevo, la quema de muñecos funciona como una radiografía social. Esta vez, al arder cartón y tela, lo que quedó expuesto fue una crisis de confianza: la de una parte significativa de los hinchas con una dirigencia que, para muchos, está lejos de la transparencia y la credibilidad que exige el deporte más popular del país.