La Luna, compañera silenciosa de la humanidad desde tiempos remotos, vuelve a ocupar un lugar central en el inicio de 2026. Su ciclo regular, observado y estudiado por civilizaciones antiguas y por la astronomía moderna, organiza el calendario lunar y despierta interés tanto científico como simbólico. Enero trae consigo una luna llena especial, que marcará el comienzo del año con un espectáculo visible a simple vista en gran parte del planeta.
La luna llena ocurrirá el sábado 3 de enero de 2026, inaugurando el calendario lunar del año. En Argentina, el fenómeno podrá observarse desde aproximadamente las 20:55 y permanecerá visible hasta el amanecer del domingo. Durante toda la noche, el satélite natural se mostrará completamente iluminado, ofreciendo una postal destacada para astrónomos aficionados y observadores ocasionales.
Este plenilunio tendrá una característica adicional: será una Superluna. Esto sucede cuando la luna llena coincide con el perigeo, el punto de su órbita más cercano a la Tierra, situado entre 356.000 y 370.000 kilómetros. Como resultado, la Luna se verá ligeramente más grande y más brillante que en una luna llena promedio, intensificando su impacto visual en el cielo nocturno.
El ciclo lunar de enero presenta sus cuatro etapas principales, determinadas por posiciones precisas entre la Tierra, el Sol y la Luna. Según los registros astronómicos:
Luna llena: sábado 3 de enero
Cuarto menguante: sábado 10 de enero
Luna nueva: domingo 18 de enero
Cuarto creciente: lunes 26 de enero
Estas fases no responden a intervalos fijos de días, sino a instantes exactos, seguidos de cerca por organismos especializados como el Servicio de Hidrografía Naval (SHN) y por quienes utilizan el calendario lunar para distintas prácticas culturales.
Tradicionalmente, la luna llena de enero es conocida como la “Luna del Lobo”. El nombre proviene de los pueblos originarios de Norteamérica, quienes asociaban este período con los aullidos de los lobos durante el invierno. En otras tradiciones, también recibe los nombres de “Luna Fría” o “Luna de Hielo”, en referencia a las bajas temperaturas del hemisferio norte.
Más allá de la astronomía, estas denominaciones reflejan cómo la Luna fue una herramienta clave para organizar la vida cotidiana, anticipar cambios estacionales y transmitir saberes entre generaciones.
Aunque no existe evidencia científica concluyente sobre la influencia lunar en el comportamiento humano, la luna llena de enero sigue despertando interés por su carga simbólica. Para muchas personas, este momento marca un nuevo comienzo, una oportunidad para rituales, decisiones personales o simplemente para reconectar con los ciclos naturales.
Con eclipses lunares y solares previstos a lo largo de 2026, el año se perfila como un período de gran atractivo astronómico. Y todo comienza con esta Luna del Lobo, que ilumina el cielo de enero y vuelve a recordarnos que, incluso en plena era digital, mirar hacia arriba sigue siendo un acto de asombro.