El vínculo entre las personas y sus mascotas se ha fortalecido con el paso de los años hasta convertir a perros y gatos en miembros plenos de la familia. Sin embargo, su esperanza de vida, considerablemente más corta que la humana, obliga a los tutores a atravesar en poco tiempo un proceso complejo: el envejecimiento de sus compañeros.
Reconocer cuándo comienza esa etapa y saber interpretar sus señales resulta clave para garantizar bienestar y calidad de vida, coinciden los especialistas. De acuerdo con datos citados por The Independent, el avance de la medicina veterinaria permitió que perros y gatos alcancen una longevidad promedio de 11,3 años, aunque la edad considerada “senior” varía según la especie y el tamaño.
Un estudio que analizó más de dos millones de gatos y cuatro millones de perros determinó que los felinos suelen ingresar en la vejez alrededor de los 10 años. En los perros, el tamaño es determinante:
Razas pequeñas (menos de 9 kilos) son consideradas mayores desde los 7 años y alcanzan la etapa senior cerca de los 12.
Razas medianas y grandes pueden entrar en la vejez desde los 6 años.
La veterinaria Sara Hoummady, profesora asociada en etología y nutrición animal en UniLaSalle (Francia), explica que el concepto de fragilidad, tomado de la geriatría humana, permite evaluar de manera integral a los animales mayores. Detectarla de forma temprana posibilita intervenir a tiempo, reducir riesgos y ajustar los cuidados antes de que aparezcan enfermedades más complejas.
Algunos cambios físicos son normales y no comprometen la calidad de vida: pelaje canoso, leve acumulación de sarro, piel más fina o disminución progresiva de los sentidos.
Sin embargo, los especialistas advierten que otros signos requieren atención veterinaria:
Dificultad para moverse, levantarse o subir escaleras
Menor interacción con personas u otros animales
Cambios de comportamiento repentinos
Desorientación o pérdida en lugares conocidos, posible señal de disfunción cognitiva
Estas manifestaciones no deben atribuirse únicamente a la edad, ya que muchas responden a problemas tratables.
Los veterinarios insisten en que llegar a viejo no implica un deterioro inevitable, sino la necesidad de mayor seguimiento médico y cuidados específicos. Las mascotas consideradas frágiles presentan mayor riesgo de enfermedades, por lo que los controles periódicos y las pruebas de detección temprana resultan fundamentales.
Para prolongar el bienestar en esta etapa, los expertos recomiendan adaptar el entorno y las rutinas diarias:
Facilitar el acceso a comida, agua y zonas de descanso
Usar cuchas bajas y firmes, comederos elevados y pequeños escalones
En gatos, optar por bandejas de arena anchas y de bordes bajos
Multiplicar los puntos de descanso y alimentación en el hogar
La relación con el animal también debe ajustarse. Castigar cambios de conducta puede agravar el problema: muchas veces reflejan dolor o incomodidad. Entender el origen del comportamiento es parte del cuidado.
La estimulación mental y física sigue siendo necesaria, aunque adaptada a las capacidades del animal. Juegos interactivos, sesiones cortas de adiestramiento y paseos ajustados a su resistencia ayudan a mantenerlos activos.
En cuanto a la dieta, las mascotas mayores requieren alimentos de fácil digestión y formulados para esta etapa. Hoummady desaconseja las dietas a base de carne cruda por riesgos sanitarios y desequilibrios nutricionales, especialmente en animales con el sistema inmune debilitado. La combinación de alimento seco y húmedo o comidas caseras cocidas siempre bajo supervisión veterinaria puede ser una opción.
Finalmente, las visitas regulares al veterinario son imprescindibles: el envejecimiento debilita el sistema inmunológico y aumenta la susceptibilidad a infecciones y parásitos. Un seguimiento adecuado permite anticiparse, ajustar tratamientos y mejorar la calidad de vida en la etapa final.