Durante años, esa pregunta quedó flotando entre la meditación, el cansancio extremo y las anécdotas cotidianas. Sin embargo, un estudio reciente logró algo clave: encontrar señales claras en el cerebro humano que explican qué pasa cuando la cabeza queda totalmente en blanco. Y no, no es un mito ni un truco mental. Acá te contamos los secretos detrás de ese estado que desconcierta a cualquiera.
La llamada mente en blanco no es “pensar en otra cosa” ni distraerse. Según investigadores del Paris Brain Institute, se trata de un momento en el que no aparece ningún contenido mental reconocible: no hay imágenes, palabras, recuerdos ni emociones. Nada.
Este estado puede surgir durante prácticas como la meditación, pero también después de un esfuerzo mental largo, tareas repetitivas o falta de sueño. Seguro te pasó: estás mirando la compu, parpadeás… y de golpe no sabés en qué estabas pensando. Eso, para la ciencia, es mente en blanco.
Aunque todavía se debate su definición exacta, los especialistas remarcan que es frecuente en personas con ansiedad o con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). No como algo “raro”, sino como parte del funcionamiento normal de la mente.
El trabajo fue liderado por Esteban Muñoz-Musat, junto a Lionel Naccache y Thomas Andrillon, todos vinculados al Paris Brain Institute. Analizaron a 62 voluntarios sanos mientras realizaban tareas simples y monótonas.
Con electroencefalografía de alta densidad, los científicos midieron en tiempo real la actividad del cerebro humano. Al mismo tiempo, registraron errores, tiempos de reacción y estados de alerta. Así pudieron detectar exactamente cuándo aparecía la mente en blanco y qué pasaba en el cerebro en esos segundos.
Los resultados fueron claros. Durante los episodios de mente en blanco, se redujo la conexión entre distintas redes neuronales y se alteró el procesamiento visual consciente. En simple: el cerebro sigue despierto, pero procesa menos información del entorno.
Además, las personas reaccionaban más lento, se equivocaban más y mostraban signos de somnolencia. Para Andrillon, esto indica que en esos momentos hay menos acceso consciente a lo que está pasando alrededor.
La conclusión rompe una idea muy instalada: estar despierto no siempre significa estar mentalmente activo.
Los investigadores explican que la conciencia no es una línea continua, sino una sucesión de estados. Así como existe el sueño lúcido, la mente en blanco sería el otro extremo: una breve pausa de conciencia en plena vigilia.
Según el estudio, estos momentos podrían ocupar entre el 5% y el 20% del tiempo que estamos despiertos. Y entenderlos mejor podría ayudar a evaluar trastornos neurológicos y psiquiátricos en el futuro.
Para Naccache, la mente funciona como un mosaico: cuando falta una pieza, aparece ese silencio mental que todos, alguna vez, experimentamos.
Lejos de ser un error, la mente en blanco sería una parte más —y necesaria— de cómo funciona nuestra conciencia.