La medicina, una profesión fundamentada en la preservación de la vida y la integridad humana, se encuentra hoy en el centro de la polémica en La Plata. La suspensión preventiva de Miqueas Martínez Secchi, médico residente del Hospital General José de San Martín de La Plata, no es solo una medida administrativa, sino una respuesta necesaria ante la irresponsabilidad de un profesional que utilizó sus redes sociales para difundir consignas de extrema violencia y antisemitismo.
El caso, que ya ha tomado estado público, se originó cuando el analista internacional Daniel Lerer expuso públicamente el contenido de la cuenta de X (antes Twitter) de Martínez Secchi. Entre los mensajes más alarmantes, el médico escribió de forma explícita: “No hay que cortarles el prepucio. Hay que cortarles las yugulares y las carótidas de lado a lado”. Esta declaración, que destila un odio profundo e injustificable, resulta aterradora viniendo de alguien cuya formación académica y laboral le otorga el poder de intervenir sobre cuerpos humanos.
La gravedad de los hechos motivó al abogado Jorge Monastersky a presentar una denuncia penal que actualmente tramita en el Juzgado Federal N° 6 de Comodoro Py, bajo la subrogancia de la jueza María Eugenia Capuchetti. El escrito judicial es tajante: las expresiones de Martínez Secchi no son meras opiniones, sino una incitación directa al homicidio que no puede ni debe ampararse bajo el derecho a la libertad de expresión.
Por su parte, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, ratificó que el profesional ha sido separado de sus funciones. El funcionario explicó que el médico se encuentra bajo un proceso de investigación administrativa y judicial, donde un comité ético evaluará si su perfil es apto para continuar su proceso de formación. “Cualquier mensaje agresivo o de falta de respeto por la vida humana es incompatible con la práctica sanitaria”, sentenció Kreplak.
La comunidad médica y la sociedad en general observan con indignación cómo un individuo que transita los pasillos de una institución pública como el Hospital San Martín de La Plata puede albergar pensamientos tan oscuros y discriminatorios. La salud pública no puede ser el refugio de quienes promueven el racismo o la violencia; el compromiso con el paciente debe ser absoluto y libre de prejuicios ideológicos que pongan en duda la seguridad de quienes acuden a pedir ayuda.