¿Hay una forma “mejor” de bajar de peso o todo depende de la persona? Esa es la duda que muchos se hacen antes de cambiar su alimentación. Lo que casi nadie te cuenta al principio —y que define si vas a sostener el cambio o abandonarlo— aparece recién cuando entendés cómo funciona tu cuerpo. Ahí está la clave que pocos explican desde el arranque.
La discusión entre déficit calórico y ayuno intermitente se volvió central en el mundo de la nutrición y la salud. Ambas estrategias se usan para perder peso y cuentan con respaldo científico, según análisis publicados por Verywell Health, pero no funcionan igual ni son ideales para todas las personas.
El déficit calórico se basa en una idea simple: consumir menos calorías de las que el cuerpo gasta en el día. Cuando eso pasa, el organismo usa sus reservas de grasa como energía, lo que permite bajar de peso de forma progresiva.
Este método no prohíbe alimentos específicos. Se enfoca en ajustar porciones, elegir comidas menos calóricas y, muchas veces, sumar actividad física. Es una estrategia flexible, fácil de adaptar a la rutina diaria y compatible con distintos estilos de vida.
El ayuno intermitente no se centra tanto en qué comés, sino en cuándo comés. Implica comer solo dentro de una ventana horaria definida y ayunar el resto del día, tal como explica el médico Sohaib Imtiaz en una revisión para Verywell Health.
Por ejemplo, algunas personas comen durante 8 horas y ayunan 16. Otras alternan días de ingesta normal con días de consumo muy reducido. El objetivo es limitar de forma natural la cantidad total de calorías.
La evidencia científica muestra que ambos métodos funcionan. Un estudio publicado en Annals of Internal Medicine encontró que el ayuno intermitente 4:3 logró una reducción de peso ligeramente mayor que la restricción calórica diaria, aunque las diferencias no fueron extremas.
Además, una revisión en The BMJ, basada en 99 estudios, concluyó que tanto el ayuno como el déficit calórico ofrecen resultados similares a largo plazo. Es decir: no hay una fórmula mágica.
El déficit calórico puede mejorar el colesterol, la presión arterial y reducir la grasa corporal. Pero si se hace de forma muy estricta, puede generar cansancio, pérdida de masa muscular y déficits nutricionales.
El ayuno intermitente puede ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina y simplificar la alimentación. Sin embargo, algunas personas sienten hambre intensa, dificultad para sostenerlo socialmente o terminan comiendo de más en la ventana permitida.
Especialistas citados por Verywell Health coinciden en algo fundamental: el mejor método es el que podés sostener en el tiempo sin dañar tu salud. No se trata de sufrir, sino de construir un hábito posible.
Para perder peso, no alcanza con elegir una estrategia popular. Lo importante es que encaje con tu rutina, tus gustos y tu bienestar. Ahí es donde empieza el cambio real.