¿En qué momento el mundo dejó de ser joven? La respuesta no está en una sola fecha, pero sí en un proceso largo que empezó hace siglos y hoy se acelera. Entender cómo cambió la población mundial ayuda a explicar por qué cada vez hay menos nacimientos, más personas mayores y nuevos desafíos para el futuro. Ese es el punto clave detrás del envejecimiento poblacional.
En el año cero de la era cristiana, la población mundial rondaba los 300 millones de personas. La mayoría eran jóvenes. No por elección, sino por necesidad: la expectativa de vida apenas llegaba a los 30 años. Las enfermedades, las guerras y la falta de medicina hacían que llegar a viejo fuera una excepción. La pirámide poblacional tenía una base muy ancha y una cima mínima.
Durante la Edad Media, la situación no cambió demasiado. Plagas, hambrunas y conflictos mantuvieron la población casi estable. La natalidad era alta, pero también lo era la mortalidad. Eso hacía que siempre hubiera muchos chicos y pocos adultos mayores.
El quiebre empezó lentamente con el Renacimiento y se aceleró con la Revolución Industrial. A fines del siglo XVIII, el mundo llegó a los 1.000 millones de habitantes. La mejora en la alimentación, la higiene y la medicina permitió que más personas vivieran más años. En 1900, la población ya era de 1.650 millones.
En ese contexto apareció un concepto nuevo: la jubilación. En 1889, la Alemania de Otto von Bismarck creó uno de los primeros sistemas estatales para sostener a los trabajadores retirados. Por primera vez, los adultos mayores fueron reconocidos como sujetos de derecho, aunque también quedaron fuera del sistema productivo.
El siglo XX cambió todo. Los avances médicos, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, dispararon la expectativa de vida. En 1950 había 2.500 millones de personas; en el año 2000, más de 6.000 millones. Al principio, el crecimiento fue joven. Pero luego cayó la fecundidad: familias que antes tenían seis hijos pasaron a tener uno o dos.
Ahí apareció el fenómeno actual. La base de la pirámide se achicó y la parte superior se agrandó. En 2019 ocurrió algo histórico: por primera vez hubo más personas mayores de 65 años que niños menores de cinco.
Hoy el mundo tiene unos 8.000 millones de habitantes. Cerca del 9% son mayores de 65 años y ese número sigue subiendo. Países como Japón ya superan el 28%. En Argentina, según el censo 2022 del INDEC, hay casi 7 millones de personas en ese grupo y la tendencia continúa.
Según Naciones Unidas, para 2050 uno de cada seis habitantes del planeta será mayor de 65 años. El envejecimiento poblacional ya no es una proyección: es una realidad que redefine cómo vivimos, trabajamos y nos organizamos como sociedad.