Durante años, una sola pregunta quedó flotando: ¿qué pasó realmente con Monica Lewinsky después del escándalo más famoso de la política estadounidense? La respuesta no está solo en el affaire, sino en todo lo que vino después. En una entrevista reciente con The Times, ella misma volvió sobre esa historia y dejó definiciones clave sobre humillación pública, acoso y abuso de poder que hoy se leen con otros ojos.
Cuando el vínculo entre Monica Lewinsky y Bill Clinton salió a la luz, ella tenía poco más de 20 años. De un día para otro, pasó del anonimato absoluto a ser conocida en todo el mundo. “Me llamaron tonta y me insultaron ante todo el mundo”, recordó. No fue solo una noticia: fue una exposición constante que afectz.
La presión mediática fue tan fuerte que afectó su salud mental y la de su familia. Según contó, su madre le pedía que no cerrara la puerta del baño por miedo a que atentara contra su vida. El nivel de humillación pública y acoso mediático hizo que su día a día fuera, en sus palabras, “casi invivible”.
Uno de los puntos más fuertes de su reflexión aparece cuando compara las consecuencias que ella enfrentó con las que tuvo Bill Clinton. “Creo que él escapó de mucho más de lo que yo hice”, afirmó. Con el paso del tiempo y la madurez, Lewinsky llegó a una conclusión clara: “Fue un abuso de poder. Punto”.
Aclara que la relación fue consensuada, pero eso no elimina la desigualdad de fondo. Él era el hombre más poderoso del mundo; ella, una joven pasante. Hoy, ese contexto cambia por completo la lectura del caso y ayuda a entender por qué su figura fue castigada con tanta dureza.
Después del escándalo, rehacer su vida no fue simple. Estudió en el exterior, intentó construir una carrera y buscó trabajos como cualquier otra persona. Pero el estigma siempre aparecía. Incluso le llegaron a pedir una carta de “exoneración” de los Clinton para contratarla.
Lewinsky explicó que la vergüenza se vuelve algo permanente: atraviesa el trabajo, las relaciones y la autoestima. “No hay manual sobre qué hacer después de un escándalo global”, resumió.
El punto de quiebre llegó cuando dejó de huir de su pasado y decidió integrarlo. Hoy, Monica Lewinsky se define como activista contra el acoso y productora audiovisual. Participó en proyectos, produjo contenidos y conduce un pódcast donde habla de resiliencia con figuras públicas.
Para ella, lograr que su historia sirva para que otros no se sientan solos fue una forma de resignificar el dolor. “Ser dueña de mi historia cambió todo”, explicó.
El testimonio de Monica Lewinsky no busca reabrir un escándalo, sino aportar una mirada actual sobre el poder, la desigualdad y el costo humano de la exposición pública. Algunas heridas siguen ahí, pero su voz hoy pesa distinto. Y eso, quizás, sea el mayor cambio de todos.