El fútbol suele ser un deporte de momentos y detalles, y para Gimnasia y Esgrima La Plata, la segunda fecha del Torneo Apertura 2026 fue una prueba de fuego que se complicó demasiado pronto. En un Monumental colmado, el conjunto albiazul sufrió una derrota 2-0 ante River, en un trámite donde la entrega física no bastó para compensar la inferioridad numérica que condicionó casi todo el encuentro.
El planteo inicial del Lobo buscaba neutralizar las subidas de Facundo Colidio, quien desde el arranque se mostró como la carta más peligrosa del local. Sin embargo, el plan táctico saltó por los aires apenas a los 12 minutos de juego.
Tras una dura entrada que fue revisada por el VAR, el árbitro decidió expulsar a Manuel Panaro. Con un hombre menos y casi 80 minutos por delante, Gimnasia se vio obligado a replegarse y apelar a la mística del esfuerzo.
Fue allí donde emergió la figura de Nelson Insfrán. El arquero platense sostuvo el cero con intervenciones magistrales ante los remates de Matías Viña y las constantes llegadas de los volantes rivales.
Incluso, el Lobo se animó a inquietar a Santiago Beltrán (reemplazante de Franco Armani) en un par de contragolpes que exigieron al uno local.
Cuando parecía que el equipo platense se marchaba al descanso con el arco invicto, apareció la jerarquía individual. En la última jugada de la primera mitad, Juan Fernando Quintero ejecutó un tiro libre exquisito desde la medialuna que dejó sin chances a Insfrán. El 1-0 fue un mazazo psicológico del que fue difícil recuperarse.
En el reinicio, la esperanza de una remontada se desvaneció rápido. A los 4 minutos, tras una asistencia de Colidio, nuevamente Quintero definió contra un palo para el 2-0.
A pesar de que poco después River también se quedó con diez por la expulsión de Matías Viña, Gimnasia no logró encontrar los caminos para descontar. Sobre el final, una nueva expulsión terminó de cerrar una noche accidentada para los dirigidos por el cuerpo técnico platense.
A pesar de la caída, el Lobo demostró que tiene un arquero de garantías y un grupo que sabe sufrir, aunque esta vez la diferencia numérica en un escenario tan complejo fue un obstáculo insalvable.