La temporada veraniega de 2026 en la Provincia de Buenos Aires ha encendido las alarmas en todos los niveles productivos. Lo que solía ser el motor estacional de la economía bonaerense hoy exhibe números que preocupan tanto a intendentes de la Costa Atlántica como a los sectores comerciales. Según datos oficiales, la llegada de visitantes, la duración de las estadías y, fundamentalmente, el nivel de consumo, han retrocedido de forma sustancial respecto a los años previos.
Los registros provinciales son elocuentes: entre diciembre y enero se reportó una caída del 9% en el total de turistas en comparación con la temporada 2024. Esto significa que aproximadamente 550.000 personas quedaron fuera del circuito turístico tradicional del Atlántico. Quienes sí lograron viajar lo hicieron bajo un esquema de austeridad extrema, con estadías un 5% más cortas y un gasto que se desplomó entre un 21% y un 25%, especialmente en transacciones realizadas con billeteras digitales.
Desde la gobernación, el análisis tiene nombres propios. El gobernador Axel Kicillof y el ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica, Augusto Costa, señalaron directamente a las políticas económicas de la Casa Rosada como el detonante de este escenario. Para los funcionarios bonaerenses, la pérdida de poder adquisitivo de la clase media y el nulo estímulo al consumo interno explican por qué las familias han decidido recortar sus días de descanso.
Durante un acto en San Pedro, Axel Kicillof fue tajante al afirmar que estos indicadores negativos en turismo, comercio y empleo tienen una raíz común en las decisiones tomadas desde la Nación. El gobernador reprochó que se prioricen sectores extractivos por sobre el consumo popular, en un contexto de tensión creciente por el financiamiento y la distribución de recursos coparticipables.
El fenómeno no se queda en la playa. El enfriamiento del turismo reverbera en áreas críticas como la construcción y el empleo de servicios. La inversión estatal en obra pública, por ejemplo, ha sufrido recortes cercanos al 60% entre 2024 y 2025. A esto se suma la incertidumbre por la reforma laboral que se debate en el Congreso, la cual, según análisis técnicos, podría restarle a la Provincia de Buenos Aires unos 400.000 millones de pesos en recursos fiscales.
La ciudad de La Plata no es ajena a esta tendencia. Como centro de alta movilidad económica, la contracción del consumo en la costa suele actuar como un espejo para el comercio platense y la hotelería local. La caída de la cadena de valor afecta directamente a las pequeñas y medianas empresas de la región, que ven cómo la clase media —motor histórico de las vacaciones familiares— ajusta sus prioridades para llegar a fin de mes.
En un panorama donde la inversión se retrae y el bolsillo se achica, la discusión sobre políticas que fortalezcan el mercado interno se vuelve urgente, mucho más allá de lo que dicten los almanaques del verano.