Algo no cerraba desde el primer minuto. ¿Cómo pudo caer Nicolás Maduro sin una resistencia real del aparato que durante años se mostró como inexpugnable? La respuesta no vino de Washington, sino desde Moscú, y deja al descubierto un dato clave: la caída no empezó afuera, empezó adentro.
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos no fue solo una demostración de poder militar. Según admitió Rusia, el factor decisivo fue la traición de funcionarios de su propio entorno, que colaboraron con la inteligencia estadounidense y dejaron el camino libre.
El embajador ruso en Venezuela, Serguéi Melik-Bagdasarov, habló sin rodeos en una entrevista con el canal estatal Rossiya-24. Allí reconoció que sectores clave del régimen chavista no actuaron para defender a Maduro cuando se ejecutó la operación “Resolución Absoluta”, el 3 de enero.
“Muchos agentes del orden locales no hicieron todo lo que podían hacer”, afirmó el diplomático. La frase, simple pero contundente, expone una fractura interna que venía gestándose desde hacía tiempo.
Según explicó, la operación fue posible porque hubo una colaboración previa y sostenida con los servicios de inteligencia de Estados Unidos. No se trató de una falla puntual, sino de un proceso de infiltración.
Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista fue cuando Melik-Bagdasarov aseguró que en Moscú saben exactamente quiénes fueron los funcionarios chavistas que traicionaron a Maduro.
“Conocemos los nombres de estos traidores que huyeron de Venezuela y que trabajaban sistemáticamente para la inteligencia estadounidense”, sostuvo.
Esto confirma que la caída del régimen no fue solo una presión externa, sino el resultado de internas, desconfianza y acuerdos por fuera de la estructura formal del poder.
La operación “Resolución Absoluta” incluyó ataques selectivos contra objetivos militares en Caracas y otras regiones. Ese mismo día, fuerzas especiales estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, quienes luego fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales vinculados al narcotráfico.
Desde Washington, la acción fue presentada como un golpe contra una organización criminal enquistada en el Estado venezolano.
Tras la caída de Maduro, Delcy Rodríguez asumió el control del régimen y avanzó en cambios urgentes dentro de las Fuerzas Armadas. Nombró nuevos jefes militares y reforzó la contrainteligencia.
Lejos de mostrar fortaleza, estos movimientos dejaron en evidencia un aparato de seguridad roto, permeable y sin control total.
Incluso desde Rusia admitieron que el problema central no fue Estados Unidos, sino la falta de reacción interna. “Muchos no hicieron lo que podían hacer”, insistió el embajador.
La caída de Maduro dejó una señal clara para la región: cuando un régimen empieza a perder lealtades en su propio entorno, el final puede llegar más rápido de lo que parece.