El peronismo de Berisso atraviesa una de sus horas más delicadas desde el retorno de la democracia local. El cierre político que encabezó el intendente Fabián Cagliardi no solo dejó afuera a sectores con peso territorial y electoral, sino que también consolidó un estilo de conducción que, lejos de ordenar, profundizó la fragmentación interna.
La decisión de presentar la lista sin hacerla pública durante días fue el primer síntoma de un malestar que ya no se oculta en las unidades básicas.
La incorporación de Andrea Proia en un lugar central del esquema político-operativo marcó un quiebre definitivo. Sin un anclaje militante previo en la ciudad, su designación fue leída por las bases como una imposición verticalista.
Para muchos dirigentes históricos, el peso del apellido en la estructura bonaerense parece haber prevalecido sobre la construcción territorial, chocando de frente con una militancia que reclama espacios ganados "en el llano".

Esta decisión no fue un detalle técnico, sino un mensaje político claro: la etapa de ampliación del frente parece haber quedado atrás, reemplazada por un esquema de lealtades cerradas que hoy genera más dudas que certezas de cara al futuro electoral.
El caso de la Agrupación Única, conducida por Juan Ignacio Mincarelli, sintetiza el conflicto. Se trata del espacio que mayor caudal de votos aportó al oficialismo en la última elección y que, sin embargo, quedó directamente marginado del armado. A este escenario se sumaron otros dirigentes que, tras reuniones informales, optaron por dar un paso al costado ante la falta de diálogo y síntesis colectiva.
Lo que tenés que saber
* Conducción: Críticas al intendente Fabián Cagliardi por el cierre hermético de las listas.
* Figura clave: El rol de Andrea Proia genera rechazo en sectores territoriales.
* Marginalidad: La agrupación de Mincarelli, clave en votos, quedó fuera del esquema.
* Interna: No hubo acuerdo con sectores que responden a La Cámpora a nivel local.
El desgaste del jefe comunal no se limita a lo partidario. En los barrios de Berisso, el termómetro social marca fastidio ante servicios públicos deficientes y obras que no avanzan al ritmo prometido. Las denuncias por favoritismos y una administración cuestionada en términos de transparencia configuran un escenario complejo para un oficialismo que ya no cuenta con el crédito pleno de su propio espacio.
Mientras a nivel provincial se ensayan acuerdos amplios, en la ciudad de Berisso la lógica parece ser el aislamiento. Sin una intervención que ordene las piezas, el peronismo local se encamina a un 2027 donde la fragmentación podría pasar una factura costosa en las urnas.