Dormir más horas antes de atravesar un período de alta exigencia física o mental —guardias médicas, exámenes, competencias deportivas o viajes largos— es una estrategia cada vez más frecuente. La idea es simple: anticiparse al cansancio acumulando descanso. Sin embargo, la ciencia todavía debate si realmente existe una “reserva de sueño” o si se trata de un beneficio limitado y temporal.
Aunque algunos estudios muestran mejoras concretas en el rendimiento, los especialistas coinciden en que el sueño no funciona como una cuenta bancaria: no todo lo que se duerme de más puede usarse después.
El término “reserva de sueño” fue acuñado en 2009 por investigadores del Instituto de Investigación del Ejército Walter Reed, en Estados Unidos. El experimento, citado por BBC, analizó a militares que durmieron diez horas por noche durante varios días antes de enfrentar una fase extrema: solo tres horas de sueño diario.
Los resultados mostraron que quienes habían extendido su descanso previo:
Mantuvieron mayor estado de alerta
Tuvieron menor deterioro cognitivo
Recuperaron su rendimiento habitual más rápido
Este estudio abrió la puerta a nuevas investigaciones fuera del ámbito militar, especialmente en medicina y deporte de alto rendimiento.
En 2023, un hospital de Miami analizó a médicos sometidos a turnos nocturnos prolongados. Aquellos que durmieron una hora y media más durante tres noches previas lograron sostener un mejor desempeño durante dos semanas de trabajo intenso.
Resultados similares se observaron en deportistas profesionales: extender el descanso antes de una competencia se asoció con:
Mejores tiempos de reacción
Mayor precisión
Menor fatiga física
Estos datos sugieren que, en contextos puntuales, dormir más antes puede marcar la diferencia, aunque el efecto varía según la persona y la cantidad real de sueño adicional.
A pesar de los resultados positivos, la comunidad científica mantiene reservas. Elizabeth Klerman, profesora del Hospital General de Massachusetts y de Harvard Medical School, es categórica:
“Se puede acumular una deuda de sueño, pero no un crédito para usar después”.
Según Klerman, el cuerpo puede recuperarse de déficits previos, pero no generar un saldo positivo a futuro. En la misma línea, Peter Polos, profesor asociado de medicina del sueño en Hackensack Meridian School of Medicine, explica que durante el sueño el cerebro:
Consolida la memoria
Elimina desechos metabólicos
Regula funciones cognitivas clave
Procesos que no pueden adelantarse indefinidamente.
Los especialistas coinciden en que una pérdida ocasional de sueño puede compensarse si se descansa adecuadamente después. El problema aparece cuando la privación se vuelve crónica.
Michael Howell, neurólogo de la Universidad de Minnesota, recuerda que:
La mayoría de los adultos necesita entre 7 y 9 horas de sueño
Solo una minoría tolera dormir menos de 6 horas sin consecuencias
La falta sostenida de descanso impacta en la atención, la motivación, el rendimiento social y la salud general.
Puede ayudar en situaciones puntuales
Mejora el rendimiento a corto plazo
No reemplaza una rutina estable de descanso
No evita los efectos de la privación crónica
La investigadora Tracy Rupp sugiere aumentar el sueño nocturno entre 30 y 60 minutos durante una o dos semanas antes de eventos exigentes. Howell recomienda, cuando es posible, dormir más por la mañana, mientras que Polos destaca que algunas personas responden mejor a acostarse más temprano.
También se aconsejan siestas breves, de hasta 45 minutos, para evitar el aturdimiento y mejorar el estado general.
Aunque dormir más antes de un desafío puede ofrecer ventajas temporales, los especialistas son claros: la calidad y regularidad del sueño diario siguen siendo irremplazables. No existen atajos duraderos. La constancia en los horarios y el descanso adecuado son la base del bienestar físico y mental.