Los flavonoles, compuestos vegetales presentes en alimentos como el chocolate negro, los frutos rojos y el vino tinto, podrían activar de forma inmediata regiones del cerebro vinculadas con la memoria y el estado de alerta. Así lo indica una investigación reciente publicada en la revista Current Research in Food Science, que aporta nuevas evidencias al campo emergente de la llamada nutrición sensorial.
El estudio fue desarrollado por un equipo japonés que analizó cómo el sabor amargo de estos compuestos genera una respuesta rápida en el sistema nervioso central. A diferencia de otras investigaciones nutricionales, los resultados no se explican por la absorción metabólica de los flavonoles, sino por la estimulación directa de los nervios sensoriales.
La investigación estuvo encabezada por la profesora Naomi Osakabe, del Instituto de Tecnología Shibaura, quien señaló que el efecto cerebral se activa incluso con dosis bajas de flavonoles.
Según los experimentos realizados en animales, la señal sensorial asociada al sabor amargo se transmite rápidamente al cerebro, sin necesidad de que los compuestos lleguen en grandes cantidades al torrente sanguíneo. Este estímulo genera una respuesta de estrés leve, comparable a la que ocurre durante el ejercicio físico moderado, y se asocia con mejoras en la memoria a corto plazo y la atención.
Osakabe reconoció que el nivel de activación cerebral observado fue superior al esperado, teniendo en cuenta la baja biodisponibilidad de estos compuestos.
En pruebas realizadas con ratones, una única dosis de flavonoles produjo:
Incremento de la actividad espontánea
Mejor rendimiento en pruebas de memoria
Activación rápida de áreas cerebrales ligadas a la atención y la regulación del estrés
Los investigadores compararon este mecanismo con la respuesta de “lucha o huida”, un sistema biológico diseñado para preparar al organismo ante situaciones de exigencia inmediata.
El dato central del trabajo es que el beneficio no estaría vinculado a un efecto metabólico directo, sino a la interacción entre el sabor y los receptores sensoriales.
La llamada nutrición sensorial estudia cómo las sensaciones físicas y gustativas de los alimentos influyen de manera inmediata en funciones biológicas. En este marco, los polifenoles —familia que incluye a los flavonoles— abarcan cerca de 8.000 estructuras químicas y son conocidos por su sabor amargo o astringente.
Si bien estudios epidemiológicos previos los asocian con beneficios cardiovasculares y cognitivos, el bajo nivel de absorción de estos compuestos había generado dudas sobre su verdadero mecanismo de acción. Este trabajo propone una vía alternativa: el cerebro respondería al estímulo sensorial antes de cualquier proceso digestivo completo.
Pese a los resultados, los autores remarcaron que las conclusiones se basan en experimentos con animales. Por ahora, no existen evidencias suficientes para recomendar el consumo específico de alimentos ricos en flavonoles con fines cognitivos.
En diálogo con Fox News Digital, el neurólogo Johnson Moon, del Centro Médico Providence St. Jude, sostuvo que incluso muchos médicos desconocen que el sabor de un compuesto pueda generar cambios cerebrales tan rápidos.
Moon también advirtió sobre la necesidad de moderación, especialmente en productos como el chocolate negro por su aporte calórico, y recordó que las principales organizaciones sanitarias siguen recomendando limitar el consumo de alcohol, incluido el vino tinto.