jueves 19 de febrero de 2026 - Edición Nº5441

Política | 19 Feb

Fin de una era en la industria

Reventó FATE: el caos industrial que impone Milei pinchó una historia de 86 años | VIDEO

09:15 |La histórica fábrica de neumáticos bajó la persiana en San Fernando, dejando a 920 familias en la calle. Entre el aluvión importador, la asfixia productiva y la tardía intervención del Gobierno, llegó el final de un símbolo nacional. Al final de esta nota imperdible, proponemos ver un VIDEO del día que Néstor Kirchner visitó FATE el 21 de mayo de 2009 y le pidió a Madanes que cuide a sus empleados.


La escena en la calle Blanco Encalada al 3000, en pleno corazón de Victoria, partido de San Fernando, parece calcada de las peores pesadillas de la historia económica argentina. Fate, la empresa de neumáticos más emblemática del país, anunció este miércoles 18 de febrero de 2026 su cierre definitivo.

Atrás quedaron 86 años de producción ininterrumpida. La decisión del grupo liderado por el empresario Javier Madanes Quintanilla fulminó de un plumazo 920 puestos de trabajo, desatando una toma de la planta, represión policial y una crisis política que obligó al Gobierno nacional a dictar una conciliación obligatoria de urgencia.

La caída de este gigante no fue un rayo en un cielo despejado. Es el resultado cronológico de una combinación letal de recesión interna, apertura indiscriminada de importaciones y un conflicto gremial crónico que terminó de dinamitar los puentes entre el empresariado y el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA).


De la gloria compartida al ocaso industrial


Para entender la magnitud de esta pérdida, es fundamental contrastar la realidad actual con la época dorada de la compañía. Fundada en 1940 como Fábrica Argentina de Telas Engomadas, Fate supo ser el motor indiscutido de la industria automotriz y un actor protagónico del tejido social en la Provincia de Buenos Aires (PBA).

Fue la primera empresa en abastecer de neumáticos radiales a la plataforma productiva nacional y ostentaba el orgullo de ser el único productor argentino de este tipo de cubiertas para el transporte pesado.

En la década de 1980, la bonanza era tal que la marca se dio el lujo de ser el sponsor principal, de forma simultánea, de las camisetas de Boca y River, una postal de opulencia económica impensada para los tiempos que corren.

Su nivel de ventas traccionaba la economía de toda la zona norte del Conurbano, sosteniendo a miles de familias, y su producción se exportaba con éxito a Europa, Estados Unidos y América Latina. Su valuación y peso específico la hacían intocable.

Mientras una mano liquidaba la estructura productiva y dejaba a 920 obreros sin sustento, la otra mano aseguraba una jugosa reestructuración patrimonial e inmobiliaria.

Hoy, el panorama es diametralmente opuesto. De ser un jugador dominante que dictaba las reglas del mercado, Fate pasó a ser una empresa acorralada. Apenas días antes del cierre, trascendió un dato que enfureció a los operarios: Aluar, la otra joya de la corona de la familia Madanes Quintanilla, compró por 27 millones de dólares una parte del predio de San Fernando.


Radiografía de un derrumbe: números en rojo y asfixia importadora


La cronología del desastre tiene hitos ineludibles. Si bien sobrevivió a la brutal apertura de los años ´90, la estructura de Fate comenzó a resquebrajarse en la historia reciente. En 2019 ya había presentado un Proceso Preventivo de Crisis (PPC), escenario que reeditó en junio de 2024 tras acumular pérdidas operativas superiores a los 30 millones de dólares solo en el primer semestre de ese año.

La empresa alegó sistemáticamente una pérdida de competitividad "insalvable". Entre sus argumentos, apuntaron a una caída abrupta del 30% en la demanda interna, la insoportable sobrecarga impositiva, las restricciones cambiarias que complicaron la importación de insumos clave, y lo que denominaron "sobrecostos" derivados de la legislación laboral y el elevado nivel de ausentismo. A esto se sumó una guerra de desgaste permanente con el SUTNA, liderado por Alejandro Crespo.

Sin embargo, el golpe de gracia vino desde la macroeconomía. El cambio de modelo económico del actual Gobierno consolidó una avalancha de productos asiáticos. Solo en mayo de 2025 ingresaron al país más de 860.000 neumáticos del exterior, la cifra mensual más alta en más de dos décadas. Frente a cubiertas importadas que se comercializaban muy por debajo del costo de producción en el Conurbano, Fate simplemente decidió abandonar el tablero.


El estallido final: tensión en San Fernando y conciliación obligatoria


La mañana del miércoles 18 de febrero 2026 quedará grabada en la historia industrial de la Provincia de Buenos Aires. Los operarios llegaron a la planta para encontrarse con un gélido cartel en los portones que sentenciaba el cese de actividades. "Se liquida todo y se baja la persiana", filtraron sin anestesia desde el entorno de la compañía, garantizando el pago de las indemnizaciones de ley pero extinguiendo todo vínculo laboral.

La reacción no se hizo esperar. Los trabajadores ingresaron a la fuerza, rompieron alambrados y tomaron las instalaciones de la fábrica, subiéndose a los techos. Denunciaron que el predio estaba "completamente militarizado" por la Policía Bonaerense y que hubo represión con balas de goma. En medio del caos, Alejandro Crespo fue demorado brevemente, elevando al máximo la temperatura del conflicto.

Con los telegramas de despido circulando y el humo de las protestas cubriendo el cielo de Victoria, la Secretaría de Trabajo de la Nación, a cargo de Julio Cordero (bajo la órbita del Ministerio de Capital Humano), debió intervenir dictando la conciliación obligatoria por 15 días. La orden exige retrotraer los despidos a foja cero. No obstante, en los pasillos industriales resuena la duda: ¿cómo se obliga a fabricar a un holding que ya decretó su propia liquidación operativa?


El paradigma de época: ¿reestructuración o industricidio?


El cierre de Fate trasciende los límites de San Fernando; es el síntoma inequívoco de un cambio de época. A diferencia de los ´90, donde la apertura también dejó un tendal de fábricas cerradas pero prometía una modernización asimétrica, el escenario actual muestra una retracción industrial veloz y sin red de contención.

Los datos recientes marcan la pérdida de casi 22.000 empresas en los últimos años, un colapso que golpea el corazón productivo nacional.

El Estado queda entrampado en su propio laberinto discursivo: celebra la apertura comercial, pero debe apelar al intervencionismo de la conciliación obligatoria para apagar el incendio social que genera el cierre de fábricas que no pueden competir con la importación.

Mientras los trabajadores resisten en el interior de la planta, la histórica Fate se desangra. Lo que alguna vez fue el símbolo del pujante mercado interno y el orgullo del "hecho en Argentina", hoy es la postal más cruda de una industria herida de muerte.

El desenlace de estos 920 empleos no solo definirá la fisonomía de la zona norte del GBA, sino que sentará un precedente irreversible sobre el modelo de país que asoma en el horizonte.

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