Este 20 de febrero se celebró el Día Mundial del Gato, una de las tres fechas anuales dedicadas a reconocer el impacto positivo de los gatos en la vida humana. La conmemoración fue instaurada en memoria de Socks, el histórico gato de la familia del expresidente estadounidense Bill Clinton, y con el tiempo se transformó en una oportunidad para difundir evidencia científica sobre el vínculo entre humanos y felinos.
En un contexto marcado por altos niveles de estrés, ansiedad y soledad, distintas investigaciones coinciden en que la convivencia con gatos aporta beneficios concretos a la salud mental y emocional. Lejos de ser solo una percepción subjetiva, los datos están respaldados por universidades, asociaciones médicas y publicaciones científicas de prestigio internacional.
De acuerdo con Health Harvard Publishing, cada vez más estudios confirman que vivir con gatos puede reducir el estrés cotidiano y favorecer el bienestar emocional. Esta conclusión es compartida por la Asociación Psiquiátrica Americana y la Asociación Americana de Medicina Veterinaria, que señalaron que el 84% de las personas que conviven con gatos reconoce un impacto positivo en su salud mental.
Entre los principales beneficios identificados se destacan la compañía constante, el apoyo emocional y la sensación de vínculo, factores que adquieren mayor relevancia en momentos de dificultad personal o aislamiento social.
Según encuestas citadas por la Asociación Psiquiátrica Americana, el 62% de los dueños de mascotas percibe una disminución de la ansiedad gracias a la presencia tranquila de sus animales. En el caso de los gatos, su comportamiento independiente pero afectuoso resulta especialmente valorado por personas sometidas a presión emocional.
Los mecanismos biológicos detrás de estos efectos también fueron analizados por la ciencia. Laura Elin Pigott, profesora de Neurociencias en la Universidad South Bank de Londres, explicó en la plataforma The Conversation que las caricias suaves estimulan la liberación de oxitocina, conocida como la “hormona del afecto”, tanto en humanos como en gatos.
La especialista aclaró que este proceso depende del respeto por el animal: si el gato se siente seguro y cómodo, el efecto se potencia; si la interacción es forzada, disminuye.
Otro aspecto central es el ronroneo. Según el Rutherford Veterinary Hospital, las vibraciones del ronroneo —entre 25 y 150 Hertz— favorecen la relajación, contribuyen a reducir la presión arterial y pueden disminuir la frecuencia cardíaca. Este fenómeno también estimula la producción de endorfinas y serotonina, neurotransmisores clave para regular el estado de ánimo.
Investigaciones de la Universidad de Ginebra y Health Harvard Publishing analizaron datos de 18 años correspondientes a 16.582 adultos de 50 años o más. Los resultados mostraron que quienes convivían con gatos presentaban una disminución más lenta del deterioro cognitivo, especialmente en la fluidez verbal, una capacidad esencial para la comunicación diaria.
La investigadora Adriana Rostekova, responsable del estudio, explicó que los gatos pueden suplir parte de la red social de sus cuidadores, mientras que los perros se asocian más a la preservación de la memoria inmediata.
Otros trabajos publicados en Elsevier indicaron beneficios adicionales:
Reducción de la presión arterial y menor riesgo de enfermedades cardíacas
Posible disminución del desarrollo de alergias en niños expuestos tempranamente
Mayor sentido de propósito y rutina diaria, especialmente en adultos mayores
Incentivo a la socialización y al autocuidado
En contextos de crisis emocional o soledad, los gatos cumplen un rol de acompañamiento significativo. Según la Asociación Americana de Psicología, el 70% de las personas que atraviesan dificultades emocionales reporta una mejora en su bienestar al interactuar con su gato.
Investigaciones de la Universidad Brenau demostraron que adoptar un gato puede aliviar la sensación de soledad en adultos mayores. A diferencia de otros animales, los gatos no requieren entrenamiento para responder a estados emocionales: su presencia resulta espontánea, constante y no invasiva.