El fenómeno del "trabajador pobre" se agudiza en La Plata, el Conurbano y las principales ciudades de la PBA. Según el coeficiente de Alcance de Pedido Promedio (APP), la inflación y el estancamiento de las tarifas por envío están forzando a los repartidores de aplicaciones a un desgaste físico sin precedentes.
Para sostener el mismo nivel de subsistencia que en octubre, un trabajador debió sumar horas extras de pedaleo o conducción para compensar la pérdida de valor de cada entrega. El informe de la Fundación Encuentro advierte que este incremento en la carga horaria es la única vía que encuentran los sectores informales para no caer bajo la línea de indigencia.
El dato más alarmante surge de la Canasta Básica Total (CBT) para un hogar tipo de cuatro personas. En octubre, se requerían 421 pedidos para cubrirla; en noviembre la cifra subió a 436 y cerró diciembre con un pico de 454 pedidos.
Esta suba representa 33 pedidos adicionales en apenas tres meses. En términos porcentuales, el esfuerzo requerido aumentó un 7,8%, lo que implica casi un día y medio más de trabajo a destajo por mes para obtener el mismo resultado económico.
La brecha también afecta a las familias con hijos. Cubrir la canasta de un niño promedio demandó 170 pedidos en diciembre, ocho más que al inicio del trimestre. En el caso de los bebés, el requerimiento escaló de 146 a 152 entregas.
Esta situación genera un círculo vicioso de precarización en ciudades como Berisso y Ensenada, donde la oferta de pedidos fluctúa y la competencia entre trabajadores aumenta, diluyendo aún más el ingreso por hora de cada repartidor.