Con un arbitraje a la medida del Chiqui Tapia, el juez Fernando Echenique y el VAR, Álvaro Carranza, dictaminaron que esta tarde en el bosque de La Plata había que cumplir la orden del mafioso, ladrón y ordinario presidente de la AFA: hacer feliz al Fideo Di María, como sea.
Gimnasia podría haberse ido al descanso 3-0, por lo menos, pero apenas logró un gol. Rápido, cuando apenas se habían cumplido los tres minutos, Ignacio Fernández metió un zurdazo bárbaro que el arquero Jeremías Ledesma tapó. Sin embargo el remate le quedó a Nacho y esta vez la acomodó junto al palo.
Rosario Central no le encontraba la vuelta. El Lobo estuvo cerca del segundo tras una pelota robada por Nacho Fernández, pero esta vez el capitán se apuró en buscar a Marcelo Torres y desperdició la oportunidad.
El Canalla tardó en reaccionar y fue Julián Fernández quien buscó el empate con un remate que besó el poste. Di María ofreció su show, buscó el gol olímpico en desde el primer tiro de esquina, pero tampoco pudo.
Un penal clarísimo que el juez Echenique y el VAR Carranza fueron los únicos que no vieron.
En el segundo tiempo, pasaron varias cosas que resultaron determinantes. Gimnasia pagó caro todo lo que regaló en la primera parte y se quedó con las manos vacías. Porque el Canalla empató casi al mismo tiempo que los hinchas en el bosque soltaban el "uuuhhh", por el intento de gol olímpico de Barros Schelotto.
A Nico, el segundo gol olímpico en un mes se lo impidió el segundo palo, que devolvió la pelota para que la visita hilvanara un contragolpe que en cinco toques dejó a Enzo Giménez solo en el área para definir ante la salida del arquero que esta vez no lo pudo evitar.
Después Jaminton Campaz se anotó con otro tiro en el palo y más tarde le puso a Gastón Ávila una pelota bárbara desde un tiro de esquina, que el defensor cabeceó para el gritar su gol. El Lobo, que había jugado un primer tiempo magnífico, tuvo un segundo vacío que el Canalla supo completar.