Este martes se cumplen cuatro años del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, un hecho que alteró de forma profunda el equilibrio geopolítico europeo y abrió el mayor conflicto armado en el continente desde la Segunda Guerra Mundial.
La ofensiva lanzada el 24 de febrero de 2022 marcó un punto de quiebre en el sistema de seguridad construido tras la Guerra Fría. Desde entonces, la guerra se mantiene activa, sin un horizonte claro de resolución y con consecuencias que exceden ampliamente el campo militar.
Con el ingreso en su quinto año, el conflicto continúa estancado en una dinámica de desgaste. Pese a múltiples iniciativas diplomáticas, no se registraron avances concretos hacia un acuerdo definitivo que permita poner fin a las hostilidades.
En este escenario, Estados Unidos intervino como mediador en conversaciones entre Moscú y Kiev, en el marco de una estrategia diplomática impulsada por la administración del presidente Donald Trump desde hace aproximadamente un año, según la información disponible.
Sin embargo, las negociaciones enfrentan obstáculos persistentes. Las diferencias sobre el futuro de los territorios ucranianos ocupados por Rusia y las garantías de seguridad a largo plazo para Ucrania continúan bloqueando cualquier avance sustancial. No hay confirmación pública de consensos parciales ni de un cronograma de diálogo estable.
El impacto humano del conflicto sigue siendo devastador. De acuerdo con un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el número total de soldados muertos, heridos o desaparecidos en ambos bandos alcanza 1,8 millones de personas.
Según ese relevamiento, Rusia habría sufrido alrededor de 1,2 millones de bajas entre febrero de 2022 y diciembre de 2025, incluyendo hasta 325.000 soldados muertos, una cifra que representa el mayor número de pérdidas militares para una potencia desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
En el caso de Ucrania, las estimaciones indican entre 500.000 y 600.000 bajas militares, con hasta 140.000 fallecidos. No obstante, tanto Moscú como Kiev no publican cifras oficiales, lo que impide una verificación independiente y precisa de estos datos.
En términos territoriales, Rusia controla actualmente el 19,4% del territorio ucraniano, según evaluaciones del Instituto para el Estudio de la Guerra.
Durante el último año, el avance ruso fue mínimo: apenas un 0,79% adicional, lo que refleja el carácter prolongado, costoso y desgastante del enfrentamiento, sin cambios estratégicos significativos sobre el terreno.
Los ataques aéreos rusos provocaron graves daños en infraestructura crítica, con interrupciones prolongadas en el suministro de electricidad y agua, afectando de forma directa a la población civil.
Según datos de la oficina de la Organización de las Naciones Unidas en Ucrania, 5,9 millones de personas abandonaron el país desde el inicio de la guerra. De ese total, 5,3 millones se refugiaron en distintos países europeos.
Además, 3,7 millones de personas fueron desplazadas internamente, trasladándose a otras regiones dentro del propio territorio ucraniano. Antes del conflicto, Ucrania tenía más de 40 millones de habitantes, lo que dimensiona la magnitud de la crisis humanitaria.