A medida que la población de Buenos Aires y el Conurbano envejece, las estrategias para mantener la autonomía se vuelven vitales. Aunque la caminata diaria es el ejercicio más extendido entre los adultos mayores de La Plata, Berisso y Ensenada, la ciencia acaba de encender una alarma: caminar aporta beneficios limitados para la salud ósea.
Según una revisión sistemática publicada en el International Journal of Environmental Research and Public Health, para combatir la osteoporosis y la pérdida de densidad mineral, es indispensable abandonar el sedentarismo y sumar rutinas de alto impacto y fuerza.
La masa ósea no es eterna. Datos de la Mayo Clinic indican que el tejido alcanza su pico máximo cerca de los 30 años. A partir de esa edad, el cuerpo entra en un desequilibrio donde la destrucción ósea supera a la formación.
Este proceso se acelera drásticamente en las mujeres tras la menopausia debido a la caída de estrógenos. Quienes no acumularon una "reserva" robusta en su juventud enfrentan hoy un riesgo mayor de fracturas ante caídas domésticas, un problema de salud pública creciente en las guardias médicas de la Provincia de Buenos Aires.
El error común es creer que solo con "moverse" alcanza. Los especialistas explican que los ejercicios de fuerza (pesas, bandas elásticas o levantamiento de carga) estimulan la liberación de mioquinas. Estas sustancias activan a los osteoblastos, las células encargadas de generar hueso nuevo.
No todo ocurre en el gimnasio; la cocina es el otro frente de batalla. Para los mayores de 51 años, la recomendación es alcanzar los 1.200 miligramos de calcio diarios.
Las fuentes principales incluyen lácteos, hojas de nabo, pescados como el salmón o la sardina, y derivados de la soja. Sin embargo, el calcio es inútil sin la Vitamina D, que actúa como el transporte necesario para su absorción. Además de la exposición solar (con los cuidados pertinentes en los veranos bonaerenses), se encuentra en pescados grasos y alimentos enriquecidos.
El sedentarismo prolongado no solo debilita los huesos, sino que, según The Lancet, deteriora el equilibrio y la masa muscular. Esto crea un "combo peligroso" que multiplica las caídas.
Si tenés más de 50 años y sufriste una fractura o tenés antecedentes familiares, es fundamental solicitar en tu centro de salud o clínica una densitometría ósea. Este estudio permite determinar el grado de pérdida y evaluar tratamientos farmacológicos antes de que ocurra una lesión grave.