No tomar agua al levantarse podría tener consecuencias sobre la salud cardiovascular, según especialistas citados por EatingWell. La falta de hidratación matinal mantiene al organismo en un estado de deshidratación leve que activa respuestas hormonales vinculadas al incremento gradual de la presión arterial.
El fenómeno fue analizado en estudios internacionales y cuenta con el respaldo de organizaciones científicas como la Asociación Americana del Corazón (AHA). Si bien no existen datos específicos de impacto local en Buenos Aires o la Provincia de Buenos Aires, los expertos remarcan que se trata de un mecanismo fisiológico general.
Al despertar, el cuerpo atraviesa un aumento natural de la presión arterial asociado al ritmo circadiano y a la acción de hormonas como el cortisol y la adrenalina. En ese contexto, la hidratación puede amplificar o atenuar ese pico.
La doctora Michelle Cardel, directora de nutrición consultada por EatingWell, explicó que “la presión arterial aumenta naturalmente en las primeras horas de la mañana, y lo que hacemos entonces puede amplificar o atenuar ese incremento”.
La AHA sostiene que una hidratación insuficiente afecta la función vascular y favorece la hipertensión, especialmente en personas con antecedentes familiares u otros factores de riesgo.
Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) indicó que quienes consumen al menos seis vasos de agua por día presentan menor riesgo de hipertensión que quienes beben solo uno. Los autores concluyeron que “beber agua en cantidad suficiente parece ser un factor protector”.
La deshidratación al despertar estimula la liberación de vasopresina y activa el sistema renina-angiotensina-aldosterona, claves en la regulación de la presión y el equilibrio de líquidos.
La dietista especializada en salud cardiovascular Michelle Routhenstein explicó que “no beber agua por la mañana te mantiene ligeramente deshidratado, lo que activa hormonas como la vasopresina y ese sistema regulador”.
Según la Cleveland Clinic, la reducción del volumen sanguíneo espesa la sangre y obliga al corazón a bombear con más fuerza, favoreciendo el aumento de la presión arterial. Un ensayo clínico publicado en la revista Nutrients mostró que sumar 550 mililitros de agua tras el sueño puede reducir la presión sistólica en adultos con glucosa elevada y mejorar la función renal.
La principal preocupación es el efecto acumulativo. Cardel advirtió que empezar el día deshidratado de forma habitual, sumado a café en ayunas, exceso de sal, estrés y sedentarismo, eleva repetidamente la presión arterial matutina.
En esa línea, la AHA remarca que la combinación de deshidratación y hábitos poco saludables incrementa el riesgo de hipertensión y enfermedad cardiovascular.
Entidades como la Mayo Clinic y las National Academies of Sciences recomiendan ingerir al menos 2,7 litros de líquidos diarios en mujeres y 3,7 litros en hombres, incluyendo agua, infusiones y alimentos ricos en agua.
Beber agua al despertar ayuda a contrarrestar el pico matutino de presión arterial.
La deshidratación leve activa hormonas que elevan la presión.
Café después del agua: la cafeína puede subir la presión si se consume en ayunas.
Frutas y lácteos aportan potasio, magnesio y calcio, claves para estabilizar la presión.
Las especialistas sugieren dejar un vaso de agua en la mesa de noche, optar por agua tibia o agregar cítricos para facilitar la ingesta. El café, mejor después de hidratarse y no más de dos tazas diarias.
La hidratación es solo un paso. La AHA recomienda además reducir el sodio a menos de 1.500 mg diarios, hacer al menos 150 minutos de actividad física semanal y dormir entre siete y nueve horas.
La dietista registrada Verónica Rouse sostuvo que “consumir más verduras, frutas y legumbres ayuda a contrarrestar el efecto del sodio en la presión arterial”. Son cambios simples que, sostenidos en el tiempo, pueden marcar la diferencia en la salud cardiovascular.