Estudiantes de La Plata ha construido su identidad bajo la bandera del bilardismo: el detalle llevado al extremo, la ventaja táctica y, para muchos, la picardía al límite de la ley.
Sin embargo, lo ocurrido este fin de semana en el estadio de 1 y 57 cruza una frontera peligrosa. Una hincha fue captada por las cámaras de transmisión oficial, apuntando con un láser directamente a la cara de los jugadores de Vélez.
El blanco principal fue el arquero colombiano Álvaro Montero, quien debió lidiar con el haz de luz verde durante gran parte del encuentro. Lo que algunos pretenden disfrazar de "folclore" o "presión ambiental" no es más que una trampa burda y peligrosa que atenta contra la integridad física del rival.
El bilardismo histórico hablaba de conocer el reglamento para explotar sus vacíos, del estudio obsesivo del rival. Pero el uso de un láser desde la tribuna no es estrategia; "es la expresión de un club sucio y desleal", denunciaron las redes sociales tras la viralización de las imágenes.
Intentar "cagar" al oponente desde la impunidad de una grada no tiene nada de la mística de las viejas batallas coperas. Afortunadamente para la justicia deportiva, el accionar de esta hincha no sirvió para nada:
Vélez se llevó los tres puntos de La Plata, dejando en evidencia que la trampa, además de éticamente reprobable, suele ser el refugio de la impotencia futbolística.
La reacción fue inmediata. La hincha, plenamente identificada, recibió una sanción que la mantendrá alejada de los estadios por un período de entre 1 y 2 años. Esta medida busca sentar un precedente en un fútbol que ya no tolera las "avivadas" tecnológicas desde la tribuna.
Los puntos clave del incidente:
La infractora: Una hincha de Estudiantes captada "in fraganti" por las cámaras.
La víctima: Álvaro Montero, arquero de Vélez, blanco del rayo láser.
La sanción: Prohibición de concurrencia a la cancha por hasta 24 meses.
El trasfondo: Un debate abierto sobre la ética deportiva en el club platense.
Estudiantes tiene una historia demasiado grande como para que su nombre quede manchado por el rayo verde de una puntera láser. El bilardismo es trabajo, sacrificio y orden; la trampa desde la tribuna es deslealtad.
El club deberá trabajar internamente para que su gente entienda que el apoyo no se demuestra cegando al rival, sino empujando a los propios con el respeto que la historia de la institución merece