Las jornadas de calor extremo que se repiten en la región ponen en alerta a la población. El golpe de calor no es una molestia pasajera: se trata de una enfermedad aguda potencialmente mortal que se produce cuando el cuerpo deja de controlar su temperatura interna.
El organismo humano mantiene normalmente una temperatura cercana a los 36,5 a 37 °C, gracias a un sistema de regulación ubicado en el hipotálamo, una estructura del cerebro que actúa como un termostato natural. Este centro controla de forma permanente el equilibrio térmico y activa respuestas automáticas cuando detecta un aumento de temperatura.
Uno de los primeros mecanismos es la vasodilatación: los vasos sanguíneos se expanden, aumenta el flujo de sangre bajo la piel y el cuerpo libera calor hacia el exterior por irradiación. Este proceso permite transferir el calor desde los órganos internos hacia la superficie corporal.
Otro recurso clave es la transpiración. El sudor, al evaporarse con el movimiento del aire, enfría la piel y ayuda a reducir la temperatura corporal. A esto se suma el aumento de la frecuencia respiratoria, que permite eliminar aire caliente y captar aire más fresco, contribuyendo al enfriamiento de la sangre.
Cuando estos mecanismos funcionan correctamente, el cuerpo logra adaptarse al calor. El problema aparece cuando dejan de ser suficientes.
El golpe de calor ocurre cuando el organismo pierde la capacidad de autorregularse, generalmente por deshidratación, exposición prolongada a altas temperaturas o falta de reposición de líquidos y sales.
En ese contexto, el sistema de control térmico colapsa y se produce un traumatismo térmico agudo. La temperatura corporal puede elevarse rápidamente y generar daños en órganos vitales.
Los síntomas más frecuentes incluyen:
Piel caliente y seca
Malestar general
Náuseas y vómitos
Taquicardia
Confusión o dificultad para hablar
Pérdida de conocimiento
La presencia de alteraciones neurológicas es una señal de alarma. El golpe de calor constituye una urgencia médica y requiere atención inmediata.
La respuesta rápida puede marcar la diferencia. Ante la sospecha de golpe de calor, se deben tomar medidas inmediatas mientras se gestiona el traslado a un centro de salud.
Qué hacer de inmediato:
Retirar la ropa de la persona afectada
Humedecer el cuerpo con agua
Aplicar toallas frías o hielo en axilas, cuello e ingles
Trasladar sin demora a un centro médico
En el ámbito hospitalario, el tratamiento incluye la reposición de agua y sales por vía intravenosa, controles clínicos y estudios para evaluar posibles complicaciones. La atención oportuna es clave para evitar consecuencias graves.