jueves 5 de marzo de 2026 - Edición Nº5455

Información General | 5 Mar

Educación y símbolos patrios

Aurora: la historia real de la canción que vuelve a las aulas argentinas

16:00 |Con el reinicio de las clases en todo el país, miles de estudiantes vuelven a entonar Aurora durante el izamiento de la Bandera. Pero detrás de ese ritual escolar cotidiano hay una ópera, una historia de amor, errores de traducción y una consagración oficial que pocos conocen.


Con el regreso de los chicos y chicas a las aulas durante esta semana, volvió a repetirse una escena tan conocida como automática en las escuelas argentinas: el izamiento de la Bandera Nacional acompañado por la canción Aurora. Un acto diario que atraviesa generaciones, especialmente en los turnos mañana, y que forma parte del ADN escolar desde hace décadas.

Sin embargo, lo que para muchos estudiantes fue —y es— una rutina difícil de comprender en su letra y sentido, esconde un origen cultural, histórico y político mucho más complejo de lo que suele enseñarse en clase.


De la escuela al escenario: una reconciliación inesperada


Para buena parte de quienes hoy son adultos, Aurora estuvo asociada durante años al madrugón, al tedio escolar y a una letra críptica que se cantaba por obligación. Esa percepción comenzó a cambiar para muchos tras escucharla fuera del ámbito educativo, interpretada en clave artística y emocional.

Uno de los hitos en esa resignificación fue la versión interpretada por Darío Volonté, tenor argentino y excombatiente de Malvinas, cuya lectura de la obra logró conmover incluso a quienes habían desarrollado rechazo por la canción. Esa interpretación funcionó, para muchos, como una reconciliación definitiva con Aurora y su carga simbólica.


Aurora no nació como canción escolar


Contrario a la creencia popular, Aurora no fue compuesta para el izamiento de la Bandera. En realidad, se trata de una ópera encargada por el Estado argentino en el marco de los festejos del Centenario.

La música fue compuesta por Héctor Panizza, un prestigioso director y compositor formado en Italia, con trayectoria en los principales teatros europeos. El libreto estuvo a cargo del italiano Luigi Illica, célebre por haber escrito textos para varias óperas de Puccini.

La obra se estrenó el 5 de septiembre de 1908 en el Teatro Colón, con un éxito rotundo de público y crítica. Paradójicamente, la ópera “nacional” fue escrita y cantada íntegramente en italiano.


El aria que eclipsó a la ópera


El fragmento más celebrado de la obra fue el aria “Alta en el cielo”, interpretada por el tenor protagonista. Su repercusión fue tan grande que comenzó a repetirse como bis fuera de la estructura original, hasta independizarse completamente de la ópera.

Con el paso del tiempo, esa aria se transformó primero en la “Canción a la Bandera” y luego en lo que hoy conocemos como Aurora, perdiéndose casi por completo la referencia a la obra original.


Una ópera con licencias históricas


La trama de Aurora se sitúa en Córdoba durante los días de la Revolución de Mayo de 1810, y gira en torno al conflicto entre patriotas y realistas, atravesado por una historia de amor trágica.

En la obra aparecen figuras históricas como Martín Miguel de Güemes y Santiago de Liniers, aunque con roles que no se corresponden del todo con los hechos reales. También se presentan errores temporales: la revolución en Córdoba no ocurrió el 25 de mayo, sino varios días después, y bajo un fuerte control realista.

El anacronismo más notorio es simbólico: la canción Aurora alude claramente a la Bandera Argentina, pese a que esta fue creada recién en febrero de 1812, dos años después de los hechos narrados.


La traducción al castellano y sus errores


Recién en 1943, el Gobierno Nacional impulsó la traducción oficial de la ópera. La tarea fue encomendada a Josué Quesada y Ángel Petitta. La versión definitiva en español se estrenó el 9 de julio de 1945, ante el presidente Edelmiro Farrell y su vicepresidente, el entonces coronel Juan Domingo Perón.

Poco después, un decreto estableció la obligatoriedad de la canción en las escuelas. Sin embargo, la traducción arrastró errores semánticos que explican por qué generaciones enteras nunca comprendieron del todo su letra, como bien señaló años más tarde el escritor Juan Sasturain.

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