La ciudad de La Plata es muy grande en territorio y en población y por eso es difícil de controlar. Tiene apenas 5 mil empleados municipales directos y otro tanto indirectos (cooperativistas y contratados) para servir a 700 mil habitantes. Por eso se hace difícil para las autoridades saber todo lo que está pasando. Este reporte barrial del diario Primera Página puede ayudar a separar la paja del trigo.
"Como no reciben nada, los hostigan al punto de no dejarlos trabajar. Las víctimas de estos corruptos salvajes debieron mudar su puestito a la puerta de su propia casa, una zona infinitamente menos transitada (135 entre 37 y 38), donde venden sólo un 10 por ciento de lo que vendían antes", señaló Jorge, un vecino de Fabián y Damiana.
Dos tremendos hijos de lo peor de esa Argentina, esa que ya no queremos más, calzados en uniformes de inspectores municipales de La Plata, maltratan, persiguen y hacen pasar hambre a un matrimonio (Fabián y Damiana) con 4 hijos que desde hace dos décadas venden tortillas asadas en la esquina de 38 y 131, donde termina el casco urbano de la capital bonaerense y comienza la localidad platense de San Carlos.
¿Cuánto pueden facturar Fabián y Damiana?
¿Cuánto les pueden sacar estos inspectores corruptos?
La verdad es que la situación indigna hasta el hartazgo emocional, sobre todo en un momento durísimo del país, especialmente para los que no tienen trabajo y tratan de sobrevivir como pueden, sin robar, sin molestar, rompiéndose el lomo todos los días para conseguir unos pesos que les permitan apenas comer, vestirse y muy poco más.