La política en Boca Juniors no da tregua y el horizonte de 2027 empieza a despejarse con un nombre de peso propio: Mauricio Macri.
Según trascendidos que recorren los pasillos de la Bombonera y el mundo empresarial, el ex mandatario habría decidido declinar cualquier ambición de regreso a la política nacional para concentrar todas sus energías en un solo objetivo: volver a la presidencia de Boca.
Este movimiento representaría el desafío final a la hegemonía de Juan Román Riquelme, quien desde el oficialismo consolida su poder tras el triunfo de 2023, pero enfrenta cuestionamientos por la gestión de la infraestructura.

El eje de la disputa dialéctica y de gestión sigue siendo el estadio. Mientras los socios exigen una solución definitiva a la falta de capacidad, el panorama se vuelve oscuro por las derivaciones políticas:
El dilema de la ampliación: La gestión de Riquelme tiene el desafío de avanzar en proyectos estructurales, pero en el club reina la desconfianza.
El factor CABA: Sectores del oficialismo xeneize advierten que cualquier movimiento de obra mayor podría ser utilizado como "llave" para intervenciones judiciales o administrativas desde el Gobierno de la Ciudad.
El fantasma de la clausura: Existe un temor real a que el inicio de remodelaciones abra la puerta a inspecciones rigurosas que deriven en clausuras preventivas, inhabilitando el estadio en plena competencia y debilitando políticamente a la actual conducción.

Si Macri confirma su candidatura para 2027, Boca vivirá la elección más politizada de su historia.
Por un lado, el modelo de gestión que llevó al club a la cima del mundo entre 1995 y 2007; por el otro, la identidad y el "sentido de pertenencia" que enarbola Riquelme.
La disputa ya no es solo por quién maneja el fútbol, sino por el control de una institución que funciona como el termómetro político más sensible de la Argentina.