La apertura de sesiones ordinarias en Berisso no fue la fiesta de la institucionalidad que el oficialismo pretendía vender; peleas de su militancia y un discurso muy vacío en la verdaderas problematicas del vecino berissense.
El acto encabezado por Fabián Cagliardi en la Escuela Secundaria N°1 dejó un sabor a estancamiento político y una preocupante desconexión con las urgencias del vecino que, tras años de gestión, sigue esperando que las promesas dejen de ser titulares de diario para transformarse en realidades tangibles.
El discurso de Cagliardi gravitó, una vez más, sobre proyectos que ya parecen parte del folclore legislativo local. La mención de la planta de tratamiento de agua para Los Talas —una obra vital y sistemáticamente postergada— fue recibida por la oposición y por los sectores vecinales con el escepticismo de quien escucha un cuento demasiadas veces contado.
Lo mismo ocurrió con las "estaciones deportivas" y los refuerzos en seguridad. Si bien el Intendente sacó pecho con la incorporación de 43 patrulleros en tres años, la sensación en los barrios es de una inseguridad que no cede.
Lo que convierte a la estadística oficial en un dato frío que choca de frente con la realidad del mapa del delito local.
Uno de los datos políticos más potentes de la jornada no estuvo en el estrado, sino en las sillas vacías. A diferencia de las aperturas de sesiones en La Plata (con Julio Alak) o Ensenada (con Mario Secco), donde el gabinete provincial dio un fuerte presente, en Berisso la ausencia de ministros fue total.
Ni Carlos Bianco, ni Javier Alonso, ni mucho menos Nicolás Kreplak o Andrés "Cuervo" Larroque —titulares de carteras que Cagliardi elogió en su discurso— se asomaron por la Escuela Media N°1.
Este desplante de la cúpula bonaerense invita a una lectura obligada: ¿Sigue siendo Cagliardi un interlocutor prioritario para La Plata, o el desgaste de su gestión ha empezado a enfriar los vínculos con la Provincia?

La elección de un establecimiento educativo para un acto de neto corte partidario ya había despertado críticas. Sin embargo, la situación pasó de la polémica ética al escándalo físico cuando facciones internas del oficialismo protagonizaron incidentes y enfrentamientos dentro del recinto escolar antes del inicio.
Que militantes deban ser retirados a la fuerza de una escuela pública durante un acto institucional no solo es un bochorno político, sino una falta de respeto a la comunidad educativa.
La responsabilidad del Ejecutivo municipal y del sistema escolar local quedó bajo la lupa: ¿Quién permitió que la interna peronista manchara un aula bonaerense?
Ante la falta de resultados propios, Cagliardi optó por la foto regional. La presencia de Mario Secco y Julio Alak fue la tabla de salvación para un intendente que necesita mostrarse "dentro del equipo".
La consolidación de la Región Capital es un concepto atractivo en los papeles, pero para el vecino de Berisso, la alianza con La Plata y Ensenada no sirve de mucho si el agua sigue sin llegar a los tanques o si la basura se acumula en las esquinas.
El desafío de Cagliardi para 2026 no es ganar la batalla dialéctica en el Concejo, sino romper el ciclo de la "promesa permanente". El crédito político es un recurso no renovable, y en Berisso, el tanque de reserva parece estar cerca de la marca roja.