En la política universitaria, a veces el poder no se decide en los discursos sino en las sillas vacías. Eso fue lo que ocurrió este miércoles en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde la sesión del Consejo Directivo destinada a elegir autoridades para el período 2026-2030 debió suspenderse por falta de quórum.
El motivo fue concreto: la ausencia del representante no docente, una figura que, aunque minoritaria dentro del esquema de representación, resultó determinante para habilitar la sesión. Ante esta situación, la unidad académica resolvió establecer un cuarto intermedio hasta el viernes 13 de marzo a las 9 horas, momento en el que el Consejo volverá a reunirse. Según el comunicado oficial, la nueva sesión se realizará con mayoría simple, un detalle reglamentario que podría modificar el equilibrio político dentro del órgano de gobierno.
Para comprender la tensión del escenario hay que observar cómo está conformado el Consejo Directivo de cada facultad de la UNLP. El cuerpo está integrado por 16 miembros: siete profesores, cinco estudiantes, un jefe de trabajos prácticos (JTP), dos graduados y un representante no docente. Este sistema refleja el modelo de cogobierno universitario, donde distintos claustros comparten la toma de decisiones institucionales.
En este contexto, la elección enfrenta a dos candidatos. Por un lado, el actual vicedecano Gabriel Keil, identificado con el oficialismo de la facultad. Por el otro, el consejero docente por la minoría, Esteban Abbona, quien representa una alternativa dentro del mapa político interno.
Las cuentas preliminares muestran un escenario relativamente favorable al oficialismo. Según fuentes consultadas, Keil contaría con el respaldo de cinco docentes, dos representantes de graduados y cuatro estudiantes de la mayoría, vinculados a Franja Morada. Ese bloque configuraría una base sólida de votos dentro del Consejo.
En cambio, Abbona reuniría el apoyo de dos consejeros docentes de la minoría, lo que deja su candidatura en una posición más acotada dentro de la aritmética institucional.
Sin embargo, en elecciones de este tipo los detalles pesan tanto como las mayorías aparentes. Dos figuras aparecen como claves en la definición. El primero es el representante de los JTP, cuyo voto aún no está definido y podría inclinar la balanza en una votación ajustada. El segundo es el no docente, cuya participación fue justamente la que impidió alcanzar el quórum inicial y que, según trascendió, probablemente se abstenga.
Así, la elección quedó atrapada en un breve paréntesis político. Lo que debía resolverse en una sesión formal se transformó en una pausa estratégica, donde cada sector tendrá tiempo para recalcular apoyos y confirmar alineamientos.
El viernes 13 de marzo no solo se retomará una sesión suspendida: también se pondrá en juego el liderazgo institucional de la Facultad de Agrarias para los próximos cuatro años. Y como suele suceder en la política universitaria, el desenlace dependerá menos de grandes gestos que de la precisión con que cada actor logre contar —y asegurar— los votos disponibles.
El calendario de elecciones continuará así:
En tanto, la facultad de Arquitectura y Urbanismo todavía no tiene fecha definida para la elección de su decano.