viernes 13 de marzo de 2026 - Edición Nº5463

Información General | 13 Mar

Economía

Inflación que no baja: el IPC volvió a marcar 2,9% y reabre el debate sobre cómo se mide el costo de vivir en Argentina

10:05 |El INDEC difundió el dato de inflación de febrero, que se mantuvo en 2,9% mensual. Sin embargo, la variación interanual trepó al 33,1% y el índice acumula 5,9% en lo que va de 2026, en medio de cuestionamientos por la metodología utilizada para medir el IPC.


El más reciente informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado por el INDEC dejó una sensación ambigua en el escenario económico argentino. A simple vista, la inflación de febrero repitió el mismo registro que enero: 2,9% mensual. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad se esconde una dinámica menos tranquilizadora: la variación interanual alcanzó el 33,1%, superando el 32,4% registrado el mes anterior, y consolidando una tendencia que genera inquietud tanto en los mercados como en los hogares.

El dato adquiere mayor relevancia si se lo observa en perspectiva. Con el número de febrero, la inflación acumula 5,9% en lo que va de 2026, mientras que la desaceleración que se había insinuado a mediados de 2025 parece haberse detenido. Desde mayo de 2025, cuando el índice tocó un piso de 1,5%, el indicador comenzó una lenta pero persistente escalera ascendente, con apenas dos momentos de pausa. En otras palabras, ya son diez meses consecutivos sin una desaceleración intermensual clara, un síntoma que los economistas leen como un posible cambio de tendencia.

Si se desagrega el índice, aparece con claridad qué sectores están presionando sobre el costo de vida. El rubro “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” lideró los aumentos con 6,8%, reflejando el peso creciente de los servicios públicos en la economía doméstica. En segundo lugar se ubicaron “Alimentos y bebidas no alcohólicas”, con 3,3%, una categoría especialmente sensible por su impacto directo en la canasta básica.

Dentro de ese mismo grupo también se destacaron “Bienes y servicios varios” y el sector de “Restaurantes y hoteles”, con incrementos cercanos o superiores al promedio general. En contraste, algunas divisiones mostraron movimientos más moderados: “Bebidas alcohólicas y tabaco” registraron un 0,6%, mientras que “Prendas de vestir y calzado” prácticamente no tuvieron variaciones durante el mes.

Otra lectura relevante surge al analizar los precios según su naturaleza. Los precios regulados encabezaron las subas con 4,3%, seguidos por el IPC núcleo con 3,1%, mientras que los productos estacionales registraron una caída de 1,3%. Esta combinación sugiere que el fenómeno inflacionario no se explica únicamente por factores coyunturales o climáticos, sino por presiones estructurales dentro de la economía.

A nivel regional, el rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” fue el que mayor incidencia tuvo en la mayoría del país, impulsado principalmente por el aumento en carnes y derivados. La excepción fue la región patagónica, donde el mayor impacto provino del incremento en servicios vinculados a vivienda y energía.

Sin embargo, el dato de inflación no llegó solo. La publicación se produjo en medio de una controversia institucional dentro del INDEC. La discusión gira en torno a la metodología utilizada para medir el IPC, ya que el organismo continúa aplicando ponderaciones basadas en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004/2005.

El plan oficial era actualizar esos parámetros utilizando los resultados de la ENGHo 2017/2018, un cambio que modificaría el peso de algunos rubros —en especial tarifas de servicios públicos— dentro del índice general. Según distintos especialistas, esta actualización podría arrojar niveles de inflación más altos que los actuales.

La decisión del gobierno de postergar esa actualización metodológica derivó incluso en la renuncia del entonces director del INDEC, Marco Lavagna, y reavivó un debate recurrente en la historia económica argentina: no solo cuánto suben los precios, sino cómo se mide realmente esa suba.

En definitiva, el 2,9% de febrero parece ser algo más que un simple número. Es la expresión estadística de una economía que intenta estabilizarse, pero que todavía convive con tensiones estructurales. Porque en Argentina la inflación no solo se discute en las planillas del INDEC: también se mide todos los días en la góndola del supermercado, en la factura de la luz y en la sensación —cada vez más extendida— de que el costo de vivir siempre corre un poco más rápido que los ingresos.

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