A medio siglo del inicio de la última dictadura militar, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), liderada por el arzobispo Marcelo Colombo, emitió un documento que funciona como un potente GPS ético para la Argentina de 2026.
Bajo la consigna “Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”, la Iglesia logró una intervención quirúrgica: condenó el terrorismo de Estado del pasado mientras desnudaba las carencias del presente político y social.
El texto evita la confrontación directa con el nombre de Javier Milei, pero sus definiciones impactan de lleno en el corazón del modelo actual. Al advertir sobre una “ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil”, el Episcopado marcó una frontera moral frente a la meritocracia extrema y el ajuste, recordando que la fortaleza democrática se mide en el cuidado de los más frágiles.
1. Memoria íntegra frente al revisionismo En medio del debate impulsado por el Gobierno Nacional sobre el accionar de las organizaciones armadas en los años 70, la Iglesia propuso una "memoria íntegra y luminosa".
Si bien no entra en la disputa de nicho sobre la narrativa oficial, ratifica que la dictadura fue una "oscura noche" y que el terrorismo de Estado es un límite infranqueable que no admite ambigüedades.
2. ¡Líbranos del insulto, Señor! Uno de los puntos más contemporáneos del documento es la crítica a la degradación del lenguaje público. El Episcopado pidió terminar con la dinámica del agravio sistemático y la polarización estéril.
“¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales ni en el Congreso”, reza el texto, en una clara alusión a la agresividad discursiva que emana de los sectores de poder y se replica en la sociedad.
3. El rol del Estado y la justicia social Frente a la retórica de la reducción estatal, la Iglesia defendió una “presencia inteligente y eficiente del Estado” como garante de la dignidad humana. Los obispos plantearon una pregunta que resuena en los índices de pobreza actuales:
"Mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria, ¿cómo podemos ser felices?". Para el Episcopado, la democracia no es solo un conjunto de reglas electorales, sino una herramienta de integración.
El documento se sitúa en un punto de equilibrio: no es una proclama opositora, pero sí una advertencia institucional.
Al señalar la tendencia al autoritarismo y a los populismos que explotan la angustia ciudadana, la Iglesia se posiciona como una voz que busca reconstruir el tejido comunitario por encima de la "grieta".
A 50 años del golpe, el mensaje es claro: la memoria es necesaria para no repetir el horror, pero es insuficiente si no se traduce en una democracia que cure, alimente y respete al adversario.